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sábado, 19 de enero de 2013

El arte en la guerra



El arte en la guerra

Una de las exposiciones más interesantes de los últimos meses en París es la que el Museo de Arte Moderno de la Ciudad presenta con el título "El Arte en guerra. Francia 1938-1947", y que puede todavía verse hasta el próximo 17 de febrero. Con cerca de 400 obras de más de 100 artistas y un buen número de documentos de todo tipo: objetos diversos, impresos y material fílmico, la muestra es ante todo un gran fresco histórico que nos permite sumergirnos en uno de los periodos más convulsos de la historia reciente de Europa. Un periodo en el que la guerra, exacerbación extrema de la violencia, expande su huella siniestra propiciando no sólo muerte y destrucción sino también intenso dolor, desgarramiento e incertidumbre entre quienes sobrevivieron.
Articulada en diez apartados, y con un enfoque marcadamente historicista, la exposición es irregular desde un punto de vista específicamente artístico: las obras, objetos y documentos no han sido seleccionados atendiendo a su calidad estética, sino sobre todo a su importancia informativa. Más que una muestra de grandes obras de arte, lo que tenemos ante los ojos es una especie de "documental", una mirada retrospectiva sobre un tiempo terrible y lleno de zozobras.

Victor Brauner: Sufrimiento, sufrimiento 
[Souffrance, souffrance] (1941). 
Ó. s. l., 46 x 38 cm. Musée d'Art Moderne de la Ville de Paris.

Me parece un acierto haber situado en el inicio una pequeña reconstrucción de la Exposición Internacional del Surrealismo, que abrió sus puertas en París en enero de 1938, y que fue concebida como una respuesta a las exacerbaciones nacionalistas de la Exposición Internacional de 1937. En ella se respiraba ya, de forma anticipatoria, el "aroma" de esa guerra que habría de venir y que, como tristemente sabemos, había de hecho comenzado ya en España. Los campos de internamiento, el exilio y la clandestinidad se convirtieron en situaciones forzadas para muchísimos seres humanos. Entre 1938 y 1946, 600.000 hombres, mujeres y niños fueron internados en los campos franceses: primero, republicanos españoles y después, a partir del desencadenamiento de la guerra, alemanes anti-nazis, residentes en Francia de las entonces llamadas "potencias enemigas", o comunistas franceses. Después de la derrota de Francia, y bajo el régimen colaboracionista de Vichy, los campos franceses se convertirían para los judíos en una siniestra antesala de la muerte: 75.000 serían deportados a Alemania, en particular al campo de exterminio de Auschwitz.

Pablo Picasso: Naturaleza muerta con lechuza y erizos 
[Nature morte à la chouette et aux oursins](1946). Ó. y resina s. madera (haya),  81,5 x 79 cm. Musée Picasso, Antibes.

Artistas extranjeros, como Max Ernst o Hans Bellmer, fueron internados. Otros marcharon al exilio. Picasso, que en 1937 había presentado el Guernica en la Exposición Internacional, continuó trabajando en silencio en París, vigilado por la Gestapo, y realizando obras de una calidad excepcional. Las que se presentan en la exposición, en una sala dedicada sólo a su obra, constituyen, sin duda, lo mejor desde un punto de vista artístico que podemos encontrar en la misma. Y contrastan, en cambio, con la impresionante "caída" de calidad de las que contemporáneamente hizo Georges Braque, también presentes. Otros grandes nombres de la vanguardia: Henri Matisse, Pierre Bonnard y Georges Rouault, por ejemplo, de quienes se presentan igualmente magníficas piezas, continuaron trabajando en los ambientes más tranquilos del sur de Francia.

Pablo Picasso: La alborada [L'Aubade] (1942). 
Ó. s. l., 195 x 265 cm. Centre Pompidou, París.

La muestra pasa revista al proyecto, impulsado por las autoridades de Vichy, de propiciar un arte estrictamente "francés", expurgado de Picasso, artistas extranjeros, surrealistas y abstractos, y también a las plataformas de continuidad, con un alto grado de riesgo, de las propuestas de la vanguardia. Y después al nuevo ambiente que despunta con la "liberación", el retorno a la abstracción, el interés por el cuerpo y la gestualidad, para culminar con las búsquedas "primitivistas" de los llamados "anartistas", entre ellos Jean Dubuffet o Wols.
"El Arte en guerra" permite, en definitiva, apreciar las respuestas, diversas y siempre difíciles, de los artistas ante una situación que suponía un gran signo de interrogación sobre el sentido de su propio trabajo. ¿Qué puede hacer el arte, de qué sirve, cuando la experiencia de la guerra lo destruye todo? Quizás una de las consecuencias más relevantes que uno puede extraer del material reunido en la exposición es, precisamente, el valor afirmativo del arte, de todas las artes, claro: también la literatura y la música, en esas situaciones extremas que niegan el núcleo central de la vida humana. En esas situaciones extremas, la educación, la cultura, las artes, vías intensas de afirmación de la dignidad humana, son más imprescindibles que nunca.

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1076, 19 de enero de 2013, p. 20.

lunes, 16 de enero de 2012

Sobre Leonardo da Vinci

Inmateriales
La mente de Leonardo


La Fundación Canal presenta en Madrid una interesante muestra sobre Leonardo da Vinci, que puede visitarse hasta el próximo 2 de mayo. Fruto de una colaboración con diversas instituciones nacionales e internacionales, "Da Vinci, el genio" busca aproximar al gran público la figura del gran sabio renacentista, mostrando por medio de maquetas y reconstrucciones la gran amplitud de sus intereses: la hidráulica, la ingeniería militar, las máquinas civiles, la aeronáutica, la música, la óptica, la física y la mecánica, los estudios anatómicos y, claro está, la pintura y la escultura.
Resulta así evidente el carácter enciclopédico de la mente de Leonardo, su voluntad de aventurarse por todos los ámbitos del conocimiento. Desde luego, en todos ellos dejó su huella, la fuerza sutil de su invención. No hay, sin embargo, dispersión. Lo que da unidad a sus distintos campos de interés es un planteamiento naturalista: el deseo de aprender directamente del libro de la naturaleza, sin someterse a ningún tipo de dogma o autoridad. Lo que en su época suponía afrontar no pocos riesgos, un aspecto éste que permite comprender el carácter reservado con que desarrollaba algunas de sus actividades.

Atribuido a Leonardo: Cabeza de anciano - ¿Autorretrato?
Turín, Biblioteca Reale, n. 1r. [15571r].


No me gusta el título de la exposición: "genio" es hoy un rótulo propagandístico, que los medios de comunicación emplean con demasiada profusión, aplicándolo de forma indistinta a todo tipo de figuras: músicos populares, deportistas o simplemente esos que llaman "famosos". Hubiera sido más apropiado decir "Da Vinci, el sabio". Pero así son las cosas: la fórmula empleada es un síntoma más de la preocupante deriva de la cultura de masas en nuestro tiempo, en la que la educación y el conocimiento se subordinan continuamente a la pura apariencia, a ese supuesto brillo distorsionante que llaman "glamour".
A pesar de esta reserva, la muestra tiene el gran mérito de hacer accesible en toda su amplitud y diversidad la mente de Leonardo al público, a los públicos, y esto me parece extraordinariamente positivo. Hay, además, algo que puede considerarse una auténtica primicia, y que permite apreciar la importancia de la investigación pura en estos tiempos de penuria y de desatención al conocimiento. En una de las secciones, se reconstruye el "estudio" de Leonardo, el cuarto donde leía y escribía, y allí, con las paredes en rojo como el color de los vestidos que parece que Leonardo usaba habitualmente, está la auténtica joya secreta de la exposición: la reconstrucción de su biblioteca, con una importante presencia de libros que fueron suyos.

Emblemas ["Impresse"] vincianos.
Windsor Castle, Royal Library, The Windsor Collection, ff. 12701r, 1228r.

Se lo debemos a Elisa Ruiz García, Catedrática de Paleografía y Diplomática de la Universidad Complutense, que ha estudiado y transcrito los Códices de Madrid, y extendido su investigación sobre la escritura de Leonardo da Vinci descubriendo nuevos aspectos que nos permiten un conocimiento más ajustado de su figura y de su obra. Un primer dato a destacar es la práctica ausencia de libros devocionales o religiosos en su biblioteca, formada básicamente por libros y tratados científicos y filosóficos. Respecto a esto último, encontramos a Aristóteles, pero Platón y el platonismo están prácticamente ausentes.
En el hermoso libro editado con motivo de la exposición, Elisa Ruiz analiza la escritura de Leonardo, como se sabe invertida especularmente y de derecha a izquierda, y observa: "Leonardo visualiza y, a duras penas, verbaliza. El dibujo del objeto que sustenta su explicación científica es para él primordial y casi autosuficiente." Para conocer, Leonardo necesita visualizar, la dinámica de su mente es un "pensar en imágenes". Se trata de algo decisivo que, por otra parte, coincide con las aproximaciones a Leonardo desde su pintura. Como indica Daniel Arasse, uno de los grandes especialistas en su obra artística, Leonardo veía el mundo a través del dibujo y la pintura.

El león en llamas: lion-ardo.
Autorretrato alegórico.
Windsor Castle, Royal Library, The Windsor Collection, f. 12692v.


Señala también Elisa Ruiz que a Leonardo le gustaba sustituir vocablos por elementos icónicos, y elaborar mensajes en clave jeroglífica. A estas pictografías, dibujadas con descuido pero extraordinariamente expresivas, las llamaba "leonardescos" ("lionardeschi"). Entre ellos, búsquenlo en una de las vitrinas del estudio en la exposición, está lo que podríamos llamar un autorretrato alegórico, una imagen de un león en llamas que se sirve de una falsa etimología: "Lion-ardo". El león que arde en la pasión del conocimiento.   

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1027, 14 de enero de 2012, p. 26.