domingo, 22 de diciembre de 2019

Txomin Badiola:


El mundo interior del artista*



Este libro es todo un ejercicio de estilo. El título: MALFORMALISMO, corresponde directamente a la fórmula que Txomin Badiola (Bilbao, 1957) utilizó ya en 2002, en una exposición de síntesis de su trayectoria, que tuvo como título Malas formas. ¿Por qué «malas» formas…? Badiola considera el trabajo con las formas como núcleo del arte, pero con una matización importante: en lugar de aceptar las formas ya dadas, social y políticamente aceptadas, él considera que los artistas deben situar su producción de formas en una línea de transgresión.
Como podemos leer en el libro: “Con independencia de que como ciudadano esté sujeto a las normas que rigen la convivencia, su actividad como artista no puede considerar la norma social si no es para transgredirla, y lo hace desde el lugar que le es propio, el lenguaje de las formas artísticas.” (pg. 303). Ahí se sitúa su práctica, una de las de mayor interés en el arte actual, utilizando de forma híbrida materiales y soportes que se confrontan siempre con las imágenes hipermediáticas de la vida cotidiana.

Txomin Badiola

Estamos ahora ante un texto narrativo, escrito en español y con abundantes interpolaciones en inglés y algunas en francés, en lo que podemos considerar resonancias del carácter abierto de su trayectoria, su ir de un lado a otro. Su estructura consta de tres secciones, que trazan desde dentro un recorrido a través de flujos de memoria por su biografía y por su actividad, tanto artística como pública.
Aunque de la editorial le habían pedido un ensayo sobre el formalismo artístico, Txomin Badiola se puso a escribir en otra dirección, buscando “mentir en forma de verdad” (pg. 75). En definitiva, la escritura narrativa, creativa, de su mundo interior, centrado en la transgresión de lo ya dado. No se la pierdan.

* Txomin Badiola: MARFORMALISMO. Caniche Editorial, Madrid, 2019. 311 pgs.

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.404, 21 de diciembre de 2019, pg. 18.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Anri Sala:


El artista de la interacción

Sin duda, Anri Sala es actualmente uno de los artistas plásticos más relevantes de la escena internacional. Ha estado presente en bienales, en museos referenciales, y trabaja con importantes galerías de arte. En España, sin embargo, no ha tenido hasta ahora demasiada presencia, salvo alguna muestra ocasional. Una de ellas, la presentación en el MACBA, Barcelona, de su película 1395 Days without Red [1395 Días sin rojo] (2011), con la interpretación de Maribel Verdú, en la que vemos cómo una mujer va atravesando las calles de Sarajevo, evocando el tiempo del asedio en el que los habitantes no llevaban prendas rojas para así evitar los disparos de los francotiradores.

Anri Sala

Nacido en Tirana, Albania, en 1974, Anri Sala estudió allí en la Academia de Arte. Después, ya en Francia, en París, estudió vídeo en la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas, y posteriormente cursó un postgrado de dirección de Cine en Tourcoing, en el Estudio Nacional de Artes Contemporáneas de Le Fresnoy. Actualmente, vive y trabaja entre Berlín y París.
Todos estos datos: sus raíces biográficas y desplazamientos en su trayectoria de estudios y formación, así como los diversos registros de los mismos, son fundamentales para situar las características de su trabajo artístico. Anri Sala es un artista multimedia, sus obras se articulan en una gran variedad de registros y soportes.

Ravel Ravel (2013). 3 canales de vídeo y 16 canales de sonido. 20' 45''

El primer plano lo ocupan las películas y el vídeo. Pero junto a ello trabaja también con fotografías, impresiones sobre papel, esculturas, e instalaciones. Y, lo más importante, en su forma de presentación, en las exposiciones, Anri Sala busca la interacción entre las diversas piezas, buscando con ello producir también en el espectador una interacción, según sus propias palabras “una resonancia”, que le lleve a sentir “su recorrido a través de la exposición como una coreografía.”

The Last Resort [El último recurso] (2017).

Además, en lugar de una presentación cerrada o estática, Anri Sala propone siempre una forma abierta, cambiante en el tiempo de duración de las muestras. En esa línea, resultan decisivas sus síntesis de imágenes, sonido, y arquitectura. La música, tanto clásica como pop, se integra con los espacios donde se presentan las obras. Y buscando, siempre, una articulación, un diálogo, con los espacios concretos donde tienen lugar las exposiciones. Muy lejos, por tanto, de la idea del espacio expositivo como un “cubo blanco”.
Así, en lugar de propuestas narrativas, lo que se plantea es desvelar el impacto de la música y la arquitectura, del tiempo y los espacios, a través de las imágenes, sobre quienes ven las obras, sobre su memoria y su cuerpo. Según señala: “En mis películas se encuentra frecuentemente el recuerdo de un acontecimiento a través de la manera con la que el cuerpo lo ha memorizado.”

If and Only if [Si y sólo si] (2018) Instalación.

Se revela así la profundidad conceptual de los criterios estéticos de Anri Sala, que a mí siempre me llevan a la síntesis de movimiento y tiempo con la que el filósofo Gilles Deleuze caracteriza la imagen fílmica. En su libro La imagen-tiempo. Cine 2 (1985), Deleuze señalaba: “La imagen-movimiento tiene dos caras, una respecto de objetos cuya posición relativa ella hace variar, y la otra con respecto a un todo del cual expresa un cambio absoluto. Las posiciones están en el espacio, pero el todo que cambia está en el tiempo.”
Ahí nos lleva Anri Sala, ahora en el Centro Botín, con sus propuestas multimedia, dinámicas y abiertas, a esta nueva situación del arte en el imparable proceso de expansión de las nuevas tecnologías. La interacción entre sí de los diversos soportes sensibles de las imágenes busca interactuar con nosotros, con quienes las miramos, para así producir efectos y resonancias en nuestros cuerpos y en nuestras memorias. Incitándonos a pasar de sólo mirar a ver. Anri Sala, el artista de la interacción. 


* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.403, 14 de diciembre de 2019, pg. 18.