martes, 26 de noviembre de 2019

Francis Bacon, en el Centro Pompidou, París


Cuerpos en movimiento


Una excelente exposición de pinturas de Francis Bacon (1909-1992) se presenta en París, en el Centro Pompidou. Si les es posible, no se la pierdan: es, de verdad, magnífica. Se han reunido 45 obras, de las dos últimas décadas de la trayectoria de Bacon, entre 1971 y 1992. Doce de ellas son trípticos de gran formato, a las que se unen otras de escalas diversas, en un montaje limpio y ordenado. La fecha inicial corresponde a la del año de la muerte de su compañero George Dyer, y en relación con ello los tres trípticos «negros», pintados en su memoria en 1971, 1972, y 1973, están presentes en la muestra. 

En recuerdo de George Dyer [In Memory of George Dyer] (1971).
Óleo e impresiones transferidas sobre lienzo. Cada panel 198 x 147,5 cm. 
Fondation Beyeler, Basilea.

Hay también seis salas cerradas, en las que se pueden escuchar lecturas grabadas de textos de libros de la biblioteca personal de Bacon. Textos de Esquilo, Nietzsche, Georges Bataille, Michel Leiris, Joseph Conrad y T. S. Eliot. Esto último nos da la clave central del objetivo de «Bacon con todas las letras»: llamar la atención acerca de la influencia de la literatura en la pintura del artista.
En una de sus numerosas entrevistas, Francis Bacon se preguntaba: «¿Cómo imaginar la vida sin la literatura? ¿Sin los libros? Es una fuente fabulosa, un pozo para lo imaginario.» Es decir, la literatura como fuente de las imágenes. Bacon había reunido una biblioteca personal de más de mil libros.

Tríptico Mayo-Junio 1973 [Tryptich May-June 1973] (1973). Óleo sobre lienzo. Cada panel 198 x 147,5 cm. Esther Grether Family Collection.


Los fragmentos seleccionados en la muestra reflejan con claridad la amplitud de sus intereses literarios: la tragedia griega, la filosofía, la antropología, la narración, y la poesía. Además de los nombres mencionados, es oportuno señalar también la importancia que Shakespeare tuvo siempre para Bacon, como él mismo reconoció: «Es verdad que vuelvo siempre a Shakespeare.» La tragedia dramática y la poesía fueron centrales en su formación y a lo largo de su trayectoria. Eso sí, a pesar de ello Bacon señaló explícitamente: «Ciertamente, no podría haber sido un poeta.» Porque en él todo fluía en dirección a la pintura.
En cualquier caso, es importante señalar que además de ese diálogo abierto entre literatura y pintura que tan sugestivamente reconstruye la exposición, en la obra de Bacon confluyen otros elementos. Por un lado, las confluencias y contrastes con otros artistas plásticos, principalmente con Velázquez, Rembrandt y Picasso. Pero también su interés por la fotografía, el cine, y la música, que igualmente se integran en su manera de concebir la pintura.


Tres Retratos - Retrato póstumo de George Dyer; Autorretrato; Retrato de Lucian Freud (1973). [Three Portraits - Posthumous Portrait of George Dyer; Self-Portrait; Portrait of Lucian Freud]. Óleo sobre lienzo. Cada panel 198 x 147,5 cm. 
Esther Grether Family Collection.


Sus obras rompen la consideración estática de la pintura, buscan siempre el salto, la acción, el movimiento. Se trata de algo que se aprecia de manera intensa en sus trípticos, que tienen una estructura narrativa abierta, algo que Bacon relacionaba con las imágenes en movimiento del cine: «la utilización del tríptico corresponde para mí con la idea de sucesión de las imágenes que existe por ejemplo en el cine.»
La pintura de Francis Bacon se construye así como una gran síntesis de las diversas artes y el pensamiento en la expresión plástica. Nos lleva a la percepción de la vida como un flujo continuo de saltos, de idas y venidas. En esa línea, la de una concepción de la vida con un trasfondo trágico, hay una conexión evidente con el pensamiento de Nietzsche, con la forma en la que el filósofo alemán situaba el nacimiento de la tragedia teatral griega como un juego de contrastes entre las figuras míticas de Apolo y Dyónisos, entre el sueño y la ebriedad.

Edipo y la Esfinge, a partir de Ingres [Oedypus and the Sphinx After Ingres] (1983). Óleo sobre lienzo, 198 x 147,5 cm. Museu Coleçao Berardo, Lisboa.



Sin embargo, frente a la impresión de tristeza trágica que sus obras pudieran dar, Bacon se consideraba a sí mismo «más bien optimista.» Aunque, puntualiza, «No se trata del optimismo del creyente, sino del placer que os llega por estar vivo, la excitación por realizar algo, incluso si por otra parte no se llega a ello casi nunca (…), se trata en cierto sentido de un optimismo desesperado.»
En definitiva, con Bacon bajamos de los cielos ficticios a la tierra real de la humanidad. Algo en lo que resulta decisivo el interés que pone en la figuración de los cuerpos, representados siempre en acción, en movimiento, interior o exterior. Una cuestión fundamental en la estructura de sus trípticos. En ellos, y en sus otras pinturas, percibimos un recorrido continuo por la dimensión del cuerpo como núcleo de la humanidad: del autorretrato a los reflejos abiertos de la corporalidad común en los otros. 
Francis Bacon: síntesis de la vida en la pintura. Yo, los otros… humanos, animales, figuras de la vida, naturales y artificiales: siempre, cuerpos en movimiento.


* Bacon con todas las letras. Comisario: Didier Ottinger. Centre Pompidou, París. Del 11 de septiembre de 2019 al 20 de enero de 2020.

* Publicado -en versión reducida- en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.400, 23 de noviembre de 2019, pg. 23.

lunes, 11 de noviembre de 2019

El Greco:


Las imágenes están vivas

Esta muestra sobre el Greco, en París, es todo un acontecimiento de gran importancia cultural. Es la primera exposición de largo alcance organizada en Francia sobre uno de los artistas de referencia de la tradición clásica, que cristalizó su madurez en España, en Toledo. Nacido en Creta, en la ciudad portuaria de Candia (hoy, Heraclión) en 1541, Doménikos Theotokópoulos (conocido después como el Greco) se desplazó desde allí a Venecia, luego a Roma, y finalmente a Toledo, donde falleció en 1614.
Su formación como artista tuvo sus primeros pasos en su Creta natal, pero después fue decisivo su paso por Italia, entre 1567 y 1576, donde pudo “respirar” el gran ambiente creativo de esa fase decisiva del Renacimiento, que le permitiría conocer y confrontarse, entre otros, con artistas como Tiziano, Miguel Ángel, Giulio Clovio, y Rafael, a los que representó en el ángulo inferior derecho de su pintura Cristo expulsando a los mercaderes del templo, datada hacia 1575, y presente en esta exposición.

Cristo expulsando a los mercaderes del templo (hacia 1575). Óleo s. lienzo, 116,9 x 149,9 cm. Minneapolis Institute of Art; The William Hood Dunwoody Fund.

A su llegada a España, va y viene entre Madrid y Toledo, pero al no alcanzar mucho apoyo en Madrid, adonde Felipe II había desplazado la capital en 1561, se establece definitivamente en Toledo, en la que producirá la mayor parte de sus más grandes obras, entre otras ese sueño de elevación a las alturas, intransportable, que es El entierro del Conde de Orgaz (1586-1588), y que sigue vivo en la iglesia de Santo Tomé.
Como es sabido, tras su muerte la obra del Greco cayó en el olvido durante siglos, hasta que se volvió a valorar su gran relevancia hacia finales del siglo XIX, en el proceso de impulso de las vanguardias artísticas en la modernidad. Y es que, como indicaría Marcel Duchamp, la valoración definitiva de las obras de los artistas la fija la posteridad. Esto fue lo que afirmó Duchamp, ya en 1957, en unas declaraciones publicadas en el n° 2 de la revista Le Surréalisme, même, bajo el rótulo «Los que miran»: «Son LOS QUE MIRAN quienes hacen los cuadros. Hoy se descubre al Greco; el público pinta sus cuadros trescientos años después del autor que los firma.»

Retrato del Cardenal Niño de Guevara (hacia 1600). Óleo s. lienzo, 171 x 108 cm.
The Metropolitan Museum of Art, New York.

Organizada por el Grand Palais, el Museo del Louvre, y el Art Institute of Chicago (adonde viajará entre marzo y junio de 2020), la exposición es de verdad excelente, y va a permitir de nuevo situar al Greco como referencia artística en un plano internacional. En París se presentan 76 obras, de las que 71 son específicamente del Greco, agrupadas en 11 secciones, que combinan el itinerario cronológico con ejes temáticos. Entre los cuales están: «Pensar grande, pintar pequeño», «Variaciones sobre el motivo», «Greco arquitecto y escultor», «El taller», y «Greco y el dibujo», lo que permite apreciar la complejidad y gran variedad del trabajo del artista.
Las obras reunidas provienen de diversos centros artísticos y de colecciones internacionales. Son muchas, lógicamente, las que han llegado desde España, aunque nuestro Museo del Prado no ha prestado ninguna por coincidir las fechas de la muestra con la celebración del segundo centenario del Museo. Quiero señalar, de modo especial, la fuerte impresión que produce poder ver La Asunción de la Virgen (1577-1579), una deslumbrante pintura al óleo de grandísimas dimensiones: 4,03 x 2,11 metros, originalmente parte central de un retablo situado en el altar mayor de la iglesia toledana de Santo Domingo el Antiguo, y que en la actualidad se encuentra en el Art Institute of Chicago. Lo que, obviamente, supone una importante pérdida para nuestro patrimonio cultural.

La Asunción de la Virgen (1577-1579). Óleo s. lienzo, 403,2 x 211,8 cm.
The Art Institute of Chicago, Chicago.

El planteamiento del comisario de la muestra: Guillaume Kientz, conservador en el Kimbell Art Museum, Fort Worth (Texas) es, a la vez, profundo y sumamente coherente, permitiendo a los públicos apreciar lo que él denomina «Greco, un drama en cinco actos», a través de un recorrido escénico en el que se va viajando, mental y visualmente, a través de los espacios, y los giros y temas de sus obras.
Frente a las calificaciones tópicas de: el Greco: “loco, excéntrico, con astigmatismo, místico, herético”, Kientz sitúa las claves de su figura en la originalidad de su trayectoria, por “las sobreimpresiones de lenguas, de culturas, de ideas y de aspiraciones que esta implicó, y las consecuencias de estas últimas sobre su arte y la concepción que de ahí desarrolló.”
En relación con ello, pienso también en la importancia de los registros teóricos y conceptuales del Greco. Por ejemplo, en la muestra podemos ver los ejemplares, con sus anotaciones personales, de Los diez libros de la Arquitectura (1556), de Vitruvio, y de la segunda edición de Las vidas… (1568) de Giorgio Vasari (en ambos casos, préstamos de la Biblioteca Nacional de España).

La apertura del Quinto Sello, también llamado La visión de San Juan (1610-1614).
Óleo s. lienzo, 222,3 x 193 cm. The Metropolitan Museum of Art, New York. 

El Greco viajó por diversos espacios culturales, y su trabajo nunca fue meramente “práctico”, sino que intentaba profundizar en todo momento en los reflejos entre hacer y pensar. De ahí su fuerza universal. Aun siendo central en su trayectoria la temática religiosa, en sus obras podemos apreciar una intensa humanización de las imágenes. La intensidad del color, el carácter transversal de los fenómenos naturales, el alargamiento de formas y figuras, son los registros centrales de un grandísimo pintor, también escultor y arquitecto, que pensaba las imágenes como si éstas estuvieran siempre vivas.


* Greco. Comisario: Guillaume Kientz. Grand Palais, París. Del 16 de octubre de 2019 al 10 de febrero de 2020. 

* Publicado -en versión reducida- en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.398, 9 de noviembre de 2019, pg. 22.



martes, 5 de noviembre de 2019

Publicación...


Queridas amigas, queridos amigos,
Aquí tenéis, en primicia, la cubierta y los datos del interesante libro colectivo «A las IMÁGENES mismas», editado por Mª Carmen López López Sáenz (Catedrática de Filosofía contemporánea en la UNED, Madrid) y Karina P. Trilles Calvo (Profesora en el Departamento de «Filosofía, Antropología, Sociología y Estética» de la Universidad de Castilla-La Mancha), y en el que he tenido el placer de participar...

«Vivimos tan inmersos en las imágenes que hasta nos resulta difícil orientarnos en la vida cotidiana sin ellas. Pese a esta omnipresencia, la pregunta acerca de su estatuto sigue vigente y, hoy más que nunca, es necesario insistir en delimitar qué es una imagen. Además, sus funciones y sentidos en este mundo de nuevos medios interconectados han de ser aclaradas: ¿qué sentimos cuando estamos inmersos en un videojuego?, ¿qué sucede al visionar imágenes en movimiento?, ¿juega un papel determinante la imaginación?, ¿son equivalentes estos novedosos usos a los de la fantasía?, ¿por qué se ha convertido el selfie en parte de nuestra vida? Estas son solo algunas cuestiones tratadas en este libro desde el ámbito de la fenomenología cuyo fin es «ir a las cosas mismas» en sus múltiples modos de darse. Uno de ellos es la imagen. La fenomenología se dirige a ellas mismas poniendo en cuestión todo prejuicio. En este libro, esta labor corre a cargo de reputados fenomenólogos y fenomenólogas que deciden debatir con Husserl, Fink, Heidegger, Merleau-Ponty, Sartre, Richir, etc., a la vez que dialogan con la literatura, la pintura, la escultura, la fotografía o el cine. La obra se abre con una crítica y rigurosa teoría de la imagen que se interroga por los temas centrales que se abordarán en los siguientes capítulos. Quien no se contente con ver pasar imágenes, quien desee saber de ellas, solo tiene que adentrarse en estas páginas.»

domingo, 27 de octubre de 2019

Exposición en Madrid


Francesca Woodman: Yo vuelo


Las obras de Francesca Woodman (Denver, Colorado, 1958 – Nueva York, 1981), que ya han podido verse anteriormente en España en diversas muestras, llegan de nuevo a Madrid, , después de un largo recorrido por distintos centros artísticos de Europa, en una excelente exposición de síntesis producida en 2015 por el Moderna Museet de Estocolmo.

Sin título (Providence, Rhode Island, 1976). 
Copyriright: Courtesy Charles Woodman, The Estate of Francesca Woodman, 

No se la pierdan. Las fotografías de Francesca Woodman impresionan de verdad. A pesar de la brevedad de su vida: se suicidó dejándose caer desde la ventana de su casa en Nueva York el 19 de enero de 1981, unos meses antes de cumplir 23 años, es una de las referencias centrales de la fotografía y del arte hecho por mujeres en el siglo veinte.
Su trabajo fotográfico empezó muy pronto, y ya desde el comienzo con plena intensidad, cuando con tan sólo trece años de edad, su padre le regaló una cámara japonesa Rollei. Tras su muerte, se conservan 10.000 negativos y alrededor de 800 fotografías impresas, de los que nos dicen que se han podido ver hasta ahora, en las diversas muestras públicas, únicamente una cuarta parte.

Sin título (Roma, Italia, 1977-1978).
Copyriright: Courtesy Charles Woodman, The Estate of Francesca Woodman, 

Para la exposición en Madrid se han reunido 102 fotografías, la mayoría de pequeño formato, y una pieza en vídeo de seis episodios, datados entre 1975 y 1978, con una duración de once minutos y treinta y cuatro segundos. El itinerario nos permite recorrer, en ámbitos organizados por temas, las diversas fases de la trayectoria de Woodman. Desde sus primeras obras a la etapa de su residencia en Providence al matricularse en 1975 en la Escuela de Diseño de Rhode Island, a su estancia como becaria en Roma entre 1977 y 1978, año en el que obtuvo su titulación en Bellas Artes al volver a Estados Unidos, y finalmente a su estancia en Nueva York, adonde se mudó en enero de 1979.
Como hilo de continuidad, las fotografías de Francesca Woodman se centran de modo principal en imágenes del cuerpo, fundamentalmente del cuerpo femenino, con la excepción en esta muestra de la serie «El modelo Charlie», en este caso un hombre. Otras mujeres tienen también presencia, pero en su mayor número el cuerpo que vemos es el de la propia Woodman.

Autoengaño nº 1 (Roma, Italia, 1978).
Copyriright: Courtesy Charles Woodman, The Estate of Francesca Woodman, 

Nos situamos así, de forma recurrente, en el ámbito del autorretrato, pero eso sí: en ningún caso entendido de manera estática o repetitiva. El cuerpo de Woodman va y viene en las imágenes, se desliza en juegos de luces y de sombras, se contrae y se proyecta, se fragmenta y se refleja, utilizando de un modo especial el contraste de los espejos, las paredes, las puertas, y las ventanas.
Predomina el cuerpo desnudo, el propio cuerpo como signo de interrogación, intervenido con objetos de contraste, y proponiendo en distintas series un sonido de poema visual, de música abierta. Esto es lo que ella misma anota en una fotografía de 1976, en la que vemos su cuerpo desnudo, cubierto por un papel roto y arrodillado frente a una pared sobre la que baja su cabeza y deposita sus manos: “Entonces hubo un momento en el que no necesitaba traducir las notas: iban directamente a mis manos.”

Ser un ángel nº 1 (Providence, Rhode Island, 1977).
Copyriright: Courtesy Charles Woodman, The Estate of Francesca Woodman, 

Como síntesis final, me parece un gran acierto haber elegido como título de la exposición el de una de las series: «Ser un ángel». Pues esto puede considerarse el núcleo central de su trabajo: una imagen de la humanidad, expresada a través de sí misma, del cuerpo de la mujer, en su variedad, como ángeles de este mundo. Ángeles caídos cuando quieren elevarse en el vuelo, humanos con el deseo de tener alas… Francesca Woodman: Yo vuelo.


* Francesca Woodman: Ser un ángel / On being an angel. Comisaria: Anna Tellgren; Fundación Canal, Madrid. Del 3 de octubre de 2019 al 5 de enero de 2020.

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.396, 26 de octubre de 2019, pg. 19.

sábado, 12 de octubre de 2019

Exposición en el Centro Fernán Gómez, Madrid



Tomando como motivo que en 2019 se cumplen 200 años desde que Francisco de Goya comenzó a pintar en la Quinta del Sordo las Pinturas negras, que hoy pueden verse en su transposición al Museo del Prado, llega a nosotros esta estimulante exposición, en la que se presentan 97 obras de 58 artistas de nuestro tiempo. Obras de artistas de gran consistencia, tanto españoles como internacionales, con todo tipo de soportes: pinturas, grabados, fotografías, esculturas, vídeos, instalaciones… que dialogan, en imágenes y sentidos, con las de Goya.

Simon Edmondson: During Supper (1987).

La muestra se articula en cinco apartados: Pinturas negras, Caprichos, Disparates, Desastres de la guerra, y Otros (en el que se incluyen referencias a obras de Goya distintas a las antes mencionadas), en las que  se propone un despliegue que va de los años sesenta del siglo ya pasado hasta ahora mismo. Como subraya la comisaria, en ellas es recurrente la atención al Perro semihundido y Saturno devorando a un hijo, de las Pinturas negras.

      Rogelio López Cuenca: After Goya (2009).

En cualquier caso, lo decisivo es hasta qué punto, en el eco y diálogo de los artistas de nuestro tiempo con las obras de Goya, éste sigue aquí. Toda su iconografía, su tejido de imágenes: seres humanos, animales, figuras imaginarias, contrastes y desgarramientos de luces y de colores, se desplazan y fluyen en las obras y soportes diversos que la exposición nos trae.

Francisco de Goya: Caprichos (1799). Grabado nº 43.

El título de la muestra alude a la que considero una de las obras de Goya de mayor proyección: el grabado nº 43 de la serie de estampas Caprichos (1799), en el que aparece la inscripción «El sueño de la razón produce monstruos.» Una pieza de significado abierto, sobre la que ha habido todo tipo de interpretaciones, pero que en mi opinión es la mejor síntesis del compromiso de Goya con el espíritu de las Luces, de la Ilustración: debemos mantener la razón despierta para no caer en la vía monstruosa de la violencia y el desgarramiento de la vida.
Es ese el nuevo horizonte ético y artístico que alienta en toda la obra de Goya, él mismo un ilustrado, imbuido del espíritu de las Luces, cuyo auténtico hilo argumental está constituido por la representación de los efectos destructivos de la superstición, la ignorancia y la violencia como formas de negación de la humanidad. Por eso mismo su pintura, sus dibujos, sus grabados, nos conmueven tanto, y sentimos su rechazo tajante de las guerras como algo tan actual en este mundo de guerra diseminada, como habría que llamar a eso que de forma tan inconcreta denominamos terrorismo.

Daniel Canogar: Amalgama I (2019). 

Goya es el primer gran artista en el que despunta con nitidez el rechazo pleno de cualquier tipo de variante de la inhumanidad, ya sea ésta cometida por españoles, por franceses, o por cualquier ser humano. En definitiva, Goya está vivo. Sigue aquí. En su arte, a través de sus obras, de su pensamiento plástico, que se despliega y se inscribe profundamente en el arte posterior. No basta con decir que se anticipó a su tiempo: Goya es un maestro de la síntesis visual, un sedimentador poliédrico de épocas y experiencias humanas, gracias a su brillante inteligencia, a su profunda sensibilidad y sentido moral.



* El sueño de la razón. La sombra de Goya en el arte contemporáneo. Comisaria: Oliva María Rubio. Centro Fernán Gómez, Madrid. Del 20 de septiembre al 24 de noviembre de 2019.

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.393, 5 de octubre de 2019, pg. 23.



sábado, 21 de septiembre de 2019

Las fotografías de Francisco Ontañón


Reportaje en el tiempo


Interesante, sugestiva exposición, en torno a la obra de Francisco Ontañón (Barcelona, 1930-Madrid, 2008), uno de nuestros reporteros gráficos de mayor relieve. Con un montaje muy cuidado, ordenado en secciones, se muestran 220 fotografías, procedentes de su archivo personal y positivadas por él mismo, junto a todos sus fotolibros. Y también un número importante de documentos: revistas con sus ilustraciones, portadas de libros, y portadas de discos (en la era del vinilo). Todo ello nos permite apreciar la diversidad temática y de soportes que caracteriza su intensa trayectoria profesional.

Autorretrato (1962).

Autodidacta, Francisco Ontañón encontró en la fotografía su forma decisiva de estar en el mundo. Como recuerda en el catálogo de la exposición su hija Aurora, “la fotografía le enamoró de tal manera que tuvo que dedicarse a ella en cuerpo y alma. Estábamos en plena dictadura, y en nuestro país todo se aprendía a trompicones.”
Y también ella nos transmite las palabras de su padre en las que establece que lo decisivo en su formación no fue situarse al margen, sino la relación, desigual pero positiva, con los demás seres humanos: “La fotografía es mi vida –contaba–, y si sé algo de ella no se lo debo a mis estudios, que no los tengo, sino a la gente que he tratado en mis viajes, en mi trabajo. He conocido personas maravillosas, sencillas, de gran categoría, aunque también he tenido que trabajar con soberbios e incultos, sobre todo famosos. Pero de todos ellos se aprende.” 

Se acen portes. (Barcelona, 1954-1958. Colección Familia Ontañón).

La trayectoria profesional de Francisco Ontañón tiene sus inicios en su ciudad natal, Barcelona, en la segunda mitad de los años cincuenta. Enseguida pasó a formar parte de algunos de los grupos de fotógrafos más importantes de aquel momento: en 1958, de la Agrupación Fotográfica de Cataluña, y poco después, ya en 1959, de AFAL, la Real Sociedad Fotográfica, y La Palangana. Ámbitos, todos ellos, en los que utilizando como vehículo la fotografía se sostenía una actitud crítica frente al conservadurismo de la época.
En 1959 es contratado como reportero gráfico por la Agencia Europa Press, por lo que se traslada a Madrid, donde seguirá viviendo hasta el final de sus días. El núcleo de su trabajo fue siempre la fotografía, pero entendida con una variedad muy plural de registros.

Cubierta de disco: KARINA (Hispavox, 1965). 

Desde luego, la captación de la actualidad, en función de los intereses comunicativos de la prensa. Pero, junto a ello, también imágenes de los desniveles sociales en las ciudades, registros y plasmaciones de la vida en las calles. O la atención a la naturaleza y a los animales. Y de ámbitos que caracterizaban la España del tiempo: la caza, los toros, las procesiones, el flamenco. O también el recorrido por los interiores de los museos, como espacios de interacción entre los visitantes y las obras de arte. En todos los casos, impresiona la calidad técnica de sus fotografías, su intensa atención a los efectos de luz y de contraste, que deslizan ante nuestros ojos el efecto de la vida en movimiento, y no simplemente de la imagen detenida.

Portada de libro (EL LIBRO DE BOLSILLO, Alianza Editorial, 1971).

Lejos de todo deseo de elitismo, o de cualquier tentación de superioridad, lo que Francisco Ontañón buscaba era el compromiso con la vida, la seriedad en el trabajo fotográfico, en paralelo con la seriedad que se exige en otros trabajos humanos. En 1976, escribió: “De la fotografía lo que más me molesta es la frivolidad de que se la pretende rodear. Me agradaría que mi oficio fuera tan serio como lo puede ser la profesión de médico, carpintero o albañil.”
En ese sentido, es también importante destacar la expansión que experimentan sus imágenes en asociación con el diseño gráfico. Tal y como puede apreciarse en las portadas e ilustraciones interiores de revistas como AMA, La Actualidad Española, o El País Semanal. E igualmente en el caso de las cubiertas de discos, que nos dan una plasmación viva, con un cromatismo intenso, de la música popular en la España de la segunda mitad del siglo XX. Y también en sus colaboraciones en libros de escritores (Miguel Delibes, Alfonso Grosso, Luis Carandell), y con el diseñador Daniel Gil en las excelentes portadas de la colección El libro de bolsillo, de Alianza Editorial.

Madrid  (1966, Archivo Ontañón).

En síntesis, la obra de Francisco Ontañón nos aporta la memoria viva de los registros fotográficos de la imagen masiva, cuando aún no existían los soportes digitales. Es eso lo que vemos en sus imágenes plurales y abiertas: el despliegue de la técnica fotográfica en el espacio de la representación masiva. En definitiva, un reportaje que dura, que permanece, a través de su fijación en la memoria visual, a través del tiempo.


* Francisco Ontañón: Oficio y creación. Comisario: Alberto Martín Expósito. Canal Isabel II, Madrid. Del 6 de septiembre al 3 de noviembre de 2019.

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.390, 14 de septiembre de 2019, pp. 22-23.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Marcel Duchamp...


Escritos
Nueva publicación de la edición de los Escritos de Marcel Duchamp en español, dirigida por mí. El libro estaba agotado hace tiempo, y ahora vuelve a estar disponible y a un precio mejor.
Considero que se trata de un conjunto de textos referenciales para comprender el arte y la cultura de nuestro tiempo, y quiero expresar mi agradecimiento a Joan Tarrida, Lidia Rey, así como a todas las personas de Galaxia Gutenberg que han hecho posible esta nueva publicación.




domingo, 28 de julio de 2019

Fernando Castro:


La novela del arte y de la vida*


No se lo pierdan: es un libro estimulante, abierto, lleno de sugerencias. En él se habla, sobre todo, de la situación del arte en el mundo de hoy. Pero, a la vez, esa temática se confronta con el despliegue de un análisis crítico sobre la condición actual de la experiencia y de la vida humana. Su título remite a Charles Baudelaire, quien situaba la mirada del paseante solitario (el flâneur) desplazándose a través de “la crueldad de un mundo moderno y urbano”.


Esa idea se conjuga, en el texto de Fernando Castro, con las concepciones de la estética de la desaparición, de Paul Virilio. Estamos así en un paseo, o recorrido, de la escritura no ya por los senderos abiertos de la naturaleza (Thoreau), o por las calles de la ciudad (Baudelaire), sino por el túnel sin fondo de los vericuetos mediáticos en la sociedad del espectáculo.
La forma de escritura y argumentación fluye en una línea de interconexión inmediata, simultánea, de diversas cuestiones y maneras de expresión, con lo que se construye un pensamiento transversal, espejo y reflejo crítico de los soportes y características de la comunicación digital. Se trata de un texto fundamentalmente narrativo, de una narración que brota desde el interior, para expresar el paisaje y el horizonte del arte y de la vida humana en nuestro tiempo.
Se sigue como método un cauce incesante de citas, unidas a comentarios y reflexiones en los que abunda el uso de la ironía y del juego lingüístico, que en todo momento permite apreciar un sustrato de erudición. Como tesis nuclear encontramos la idea de “la eliminación del marco”: la desaparición de los límites del arte, su disolución en la experiencia mediática de masas acerca de lo cotidiano.

Fernando Castro

En ese proceso, y con un conjunto de referencias abundantísimas al mundo del arte, se sitúa como figura desencadenante a Marcel Duchamp, y en concreto su concepción del ready-made, que, según se afirma “era sin ningún género de dudas, el vínculo obvio de unas actitudes que desbordaban lo pictórico.” (pg. 109). Y después, como punto de culminación, la posición crítica apunta a Andy Warhol, a quien se caracteriza como “el rey de los pasmados” (pg. 87), y como “el maestro del neo-tancredismo” (pg. 281).
Debo decir que no comparto esos juicios sobre Duchamp y sobre Warhol, que en mi opinión no recogen en profundidad las aportaciones de ambos artistas a lo que precisamente sería la reformulación del trabajo artístico en la sociedad mediática de masas, el horizonte que permite que el arte siga vivo.
Particularmente lúcida, en cambio, me parece la crítica de “la cultura super-espectacular” (pg. 196), cuando Fernando Castro señala que en la era digital estamos “atrapados en una especie de parque de atracciones, rodeados por huellas de otros que también están desorientados.” (pg. 198). Lo que supondría que “hoy lo que tenemos es, sobre todo, un imperio de lo hipervisible, de ese reality-show que revela la atracción ejercida por lo monstruoso” (pg. 199).
Este último aspecto se conecta con la crítica del despliegue global del terrorismo, de la utilización de la tortura, de la banalización de la política y, en definitiva, de la situación actual de la vida humana, articulada por un capitalismo que nos llevaría, más que a una globalización, a “una homogeneización (planificada) del mundo.” (pg. 210).
Frente a ello, y esto me parece de gran importancia, lo que se propone no es la rendición ni el cinismo, sino “una ética y una estética de la resistencia”, que “subrayara la importancia de lo que se podría denominar la ilusión de la política.” (pg. 244). No rendirse, mantener las exigencias de conocimiento, justicia, y libertad, a través del arte y de la vida. Fernando Castro, la novela del arte y de la vida.


* Fernando Castro Flórez: Estética de la crueldad. Enmarcados artísticos en tiempo desquiciado; fórcola, Madrid, 2019. 315 pgs. 

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.388, 27 de julio de 2019, pg. 13.





domingo, 7 de julio de 2019

El cine de Eloy de la Iglesia:


La imagen rebelde

Esta sugestiva exposición en torno a la obra fílmica de Eloy de la Iglesia (1944-2006) es todo un viaje en el tiempo. Sigue un orden cronológico, desde 1966 hasta 2003, utilizando como núcleo fundamental la imagen fotográfica fija, aunque abierta a su desplazamiento y proyección en fragmentos de cine, vídeo, collages, e incluso graffiti. El título de la muestra establece claramente un vínculo entre el cine de Eloy de la Iglesia y el de Luis Buñuel, ya que alude directamente a la película de este último «Ese oscuro objeto del deseo» (1977).

Eloy de la Iglesia durante la Semana de Cine de Color de Barcelona (1977).

Eloy de la Iglesia se reconocía a sí mismo como homosexual, comunista y drogadicto. E indicaba también que su cine iba siempre “a contracorriente”. El trasfondo filosófico de su trabajo se hace evidente cuando señala: “Afirmaba Platón: quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte. Yo he conocido ambas de muy cerca. He vivido en un mundo que parecía en algunos momentos inmutable, pero al final resultó efímero.” Y su conclusión es definitiva: “no encuentro otra razón para vivir que hacer cine.”

Eusebio Poncela y Vicente Parra en "La semana del asesino" (1972).

En la exposición podemos seguir toda su trayectoria. Sus cortometrajes iniciales, entre 1962 y 1963, cuando aún era muy joven. Sus 22 largometrajes, entre 1966 y 2003. Y también sus intervenciones en la televisión y el teatro. Es interesante la recuperación de imágenes prohibidas por la censura durante el franquismo. Y todo ello nos permite apreciar el carácter de cineasta militante de Eloy de la Iglesia: su cine se plantea como una exploración crítica de los más diversos ámbitos de la exclusión.

Simón Andreu y Ángel Pardo en "Los placeres ocultos" (1976).

Utilizando de manera intensa los procedimientos fílmicos del suspense, la transgresión, y el sobresalto, de la Iglesia pone ante nuestros ojos el carácter negativo y criminal de la corrupción, el flujo imperioso del sexo, la delincuencia, o la caída en el paraíso artificial de la droga. En conjunto, su cine es un grito abierto por la libertad de los individuos humanos, acosados en un sistema social que controla y cierra todas las salidas, un alegato firme contra todas las formas de represión. Una elaboración intensamente rebelde de la imagen.

María Luisa San José, José Sacristán y José Luis Alonzo en "El Diputado" (1978).   

La muestra está articulada en seis secciones. La primera es un repaso por toda su filmografía, a través de materiales de foto fija. La segunda, titulada “Eloy”, nos lleva a retratos del realizador en los rodajes o en entrevistas, a partir de los años setenta. La tercera, “Vídeo sala”, es un acercamiento a la obra de Eloy de la Iglesia en un vídeo de 10 minutos realizado por Tamara Díaz e Itziar Orbegozo. La cuarta, “Collages fotográficos”, presenta cinco collages fotográficos referenciales elaborados por el realizador y actor francés Quentin Valois. La quinta nos lleva a la serie “Quinqui Stars”, nueve retratos del fotógrafo Jorge Fuembuena. Y, por último, la sexta sección nos sitúa ante una intervención con graffiti a cargo del artista francés Baptiste Pauthe.

Quentin Valois - Collage nº 3: "La habitación negra" (2018).

Ese conjunto multimedia hace aún más efectivo el recorrido por la obra de Eloy de la Iglesia, pues con ello percibimos tanto el contraste como los ecos fluidos del cine en soportes y medios de expresión característicos de la sensibilidad actual. Cómo eran las cosas antes, y cómo van siendo ahora. El cine, más allá del cine.
Y en esa línea, se nos traza un camino de retorno: no sólo volver a otra época, marcada en España por la dictadura franquista y su despliegue represivo, sino además poder volver al cine de otro tiempo. Al cine como vehículo de comunicación directa a través de la imagen: fotografía en movimiento, antes de que los soportes digitales nos llevaran a la comunicación inmediata de la imagen. En la que si no introducimos la pausa, no hay posibilidad de ver en la distancia, de sentir, reflexionar, y conocer a través de la imagen. Eloy de la Iglesia: la imagen rebelde.


* Eloy de la Iglesia: Oscuro objeto de deseo. Comisario: Pedro Usabiaga. Promoción del Arte, Tabacalera, Madrid. Del 21 de junio al 8 de septiembre de 2019.

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.385, 6 de julio de 2019, pp. 20-21.