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domingo, 29 de junio de 2014

Exposición de Richard Hamilton en el Museo Reina Sofía

Más allá del Pop

  
Autorretrato 04.3.81 b (1990). 
Óleo sobre cibachrome montado sobre lienzo, 75 x 75 cm. Col. particular.

Siendo, como es, uno de los artistas más relevantes de nuestro tiempo, resulta curioso que Richard Hamilton (1922-2011) no haya alcanzado un reconocimiento público tan masivo como otros artistas contemporáneos, por ejemplo Andy Warhol. Después de una versión más reducida en la Tate Gallery de Londres, se presenta ahora en el Museo Reina Sofía una exposición, magnífica, que permite el acceso más completo a los muy diversos aspectos de su obra. Es una ocasión única, no se la pierdan.
Se suele considerar a Hamilton como uno de los iniciadores, en Inglaterra, del Arte Pop. Y, en ese sentido, se puede decir con plena razón que su collage de 1956 ¿Qué es lo que hace a los hogares de hoy en día tan diferentes, tan atractivos? es una especie de síntesis-manifiesto de lo que en las décadas posteriores este movimiento desplegaría con intensidad: el eco, en el arte, de un mundo dominado y configurado por la imagen y el consumo de masas. Además de las imágenes del collage, que permiten apreciar el carácter homogéneo, repetitivo, de ese mundo configurado en serie, es altamente significativo su título, directamente extraído del lenguaje publicitario. La reproducción del collage se incluyó en el catálogo de la exposición colectiva This is Tomorrow [Esto es el mañana], que se presentó en la Whitechapel Gallery de Londres entre agosto y septiembre de ese año. El collage fue también utilizado para la elaboración de un cartel en blanco y negro que anunciaba la exposición.

¿Qué es lo que hace a los hogares de hoy en día tan diferentes, tan atractivos? 
(1956, reproducido por R. H. en 1992). Cibachrome, 26 x 25 cm. Col. particular.  

Esa obra tan decisiva, y a la vez tan temprana en la trayectoria de Hamilton, muestra con claridad su lúcida comprensión de algo de gran importancia: a diferencia de la tradición clásica, el arte de nuestro tiempo, y ya desde fines del siglo XIX, comparte el espacio de la representación con las imágenes del diseño, la publicidad y los medios de comunicación. La expansión de la tecnología moderna ha arrebatado al arte su antigua exclusividad y posición hegemónica en el universo de la representación sensible.

 Segadora (n) [Reaper (n)] (1949). Aguafuerte, 27 x 36 cm. Kunstmuseum Winterthur.

No es extraño que las primeras obras de Hamilton, en 1949, sean una serie de grabados con las imágenes de una máquina, una segadora.  Y que ese mismo año comience a ganarse la vida realizando maquetas para exposiciones industriales. En 1952, se convierte en profesor de diseño en la Central School of Arts and Crafts de Londres, el mismo año en el que ve por vez primera una obra de Marcel Duchamp, con quien acabaría teniendo una intensísima relación de colaboración y amistad, y a quien siempre consideró su maestro. Tampoco es extraño que, como en Duchamp, en Richard Hamilton el cuestionamiento interior de la aparente familiaridad de las imágenes sea uno de sus motivos centrales.

 Sin título [Untitled], 1 (2011). Impresión por inyección de tinta, 112 x 76 cm. cada una de las tres partes. Colección particular.

Hamilton mantuvo un diálogo continuo con las oscilaciones de la imagen en el mundo moderno. Y también con las grandes figuras artísticas del pasado y de su propio tiempo. En 2010 pudimos ver en el Museo del Prado una excelente exposición en la que, en la estela de Las Meninas, rendía homenaje a la vez a Velázquez y a Picasso. Ahora, en el Reina, podemos ver la que sería su última obra, un tríptico en gran formato con impresiones digitales elaborado a partir de un encargo para ilustrar La obra maestra desconocida (1831), de Honoré de Balzac, que en su momento también fue ilustrada por Picasso. Si en el relato de Balzac los protagonistas son Poussin, Porbus y Frenhofer, además de la bella novia de Poussin que desempeña un papel tan importante en el mismo, en el tríptico de Hamilton aparecen Poussin, Courbet y Tiziano, y en un primer plano el cuerpo tendido y desnudo de una hermosa joven con los ojos cerrados. Sobre esta obra final, Richard Hamilton diría "Este es mi Étant Donnés", haciendo así explícito su homenaje a Duchamp y la identificación de este tríptico final Sin título (2011) con la última obra del artista francés.

Pin-up (1961). Óleo, celulosa y collage sobre papel, 122 x 81 cm. The MoMA, NY.

A lo largo de toda su trayectoria, la obra de Hamilton se concibe y desarrolla en series, y por eso resulta coherente y atractivo que las cerca de 270 obras reunidas en la exposición del Reina se presenten agrupadas en 14 áreas temáticas. En ellas se despliega todo Hamilton. Y, de verdad, impresiona la intensidad y variedad de su horizonte como artista. Podemos ver su atención al mundo de la máquina, las diversas variantes del diseño, el lenguaje de la publicidad y de los medios de comunicación, los trabajos en relación con Duchamp, la arquitectura, el erotismo, la moda, la música pop, el cine, la política, el interés por la naturaleza y los exteriores (con su curiosa asociación de lo natural, los espacios abiertos, y la defecación, eso sí: utilizando únicamente figuras de mujeres al representar el acto). Y también los retratos, los autorretratos, y los interiores.
Este último aspecto es particularmente significativo, pues si Hamilton afirmó que cada detalle de ese gran interior que es Las Meninas, de Velázquez, "es un testimonio de la historia de España", podría extenderse ese punto de vista a sus propios interiores que, desde el collage de 1956, representan datos centrales de la historia del mundo moderno. Podríamos así decir que los interiores de Hamilton son una especie de actualización del género tradicional de la pintura de historia en el mundo de hoy.

Trafalgar Square (1965-1967). Óleo sobre fotografía montada sobre tabla, 81 x 122 cm. Museum Ludwig, Colonia.

Que Hamilton desarrolle su trabajo en series supone un diálogo y una afinidad implícita con las características de la imagen en el mundo en el que vivimos. La imagen mediática, producida tecnológicamente, se articula en todo momento en series, en las que la redundancia y la repetición son fundamentales para alcanzar la mayor intensidad posible en su recepción pública. Pero siguiendo también esa pauta, Richard Hamilton desvela su marco de significación inmanente: la aparente diversidad es, en el fondo, unidad. Sus series impulsan el contraste con la imagen producida tecnológicamente, cuyo rasgo definitorio es, precisamente, una variedad, un polimorfismo que, sin embargo, descansa sobre un plano de homogeneidad estructural: la repetición. Las obras de Hamilton, en su variación serial, actúan así como un reflejo invertido que nos permite apreciar la raíz más profunda de la imagen mediática: aparentemente siempre diversa, aunque en todo momento un eco o representación de lo mismo.

Man Ray, 27.10.1971. [Retratos Polaroid, Vol. 1]

Junto con ello, pienso que otra de las claves más profundas del trabajo de Hamilton puede encontrarse en sus autorretratos y en los retratos de sí mismo, con polaroid, que fue pidiendo a otros que le hicieran. El punto de partida de esta serie fue una visita a Roy Lichtenstein, en su estudio de Nueva York, el 16 de marzo de 1968. Después de esa primera fotografía de Lichtenstein, Hamilton fue pidiendo retratos con polaroid en sus encuentros con artistas y amigos, llegando a reunir, en un periodo de casi 33 años, 128 retratos. Es un signo de máxima lucidez. A través de sí mismo, que no es siempre el mismo, Hamilton nos hace ver la alteridad de la imagen. En el mundo en el que vivimos, la producción y el control de la imagen son siempre de otros. Muy lejos queda la ilusión del yo pensante y autónomo del racionalismo cartesiano: ahora son los otros quienes determinan quién eres tú, cómo se te ve, tu representación, tu imagen.



* Richard Hamilton; comisarios: Vicente Todolí y Paul Schimmel; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, del 27 de junio al 13 de octubre de 2014. 

sábado, 19 de abril de 2014

Exposición de Luis Gordillo en Artium, Vitoria

La espiral de la imagen


Estamos ante todo un acontecimiento: una exposición de obra reciente de Luis Gordillo, uno de los más grandes maestros del arte de nuestro tiempo. El título: XXL/XXI, encierra en sus dos componentes una doble alusión. Por un lado, XXL: obras de "talla grande", de gran formato. Por otro, XXI: obras de este siglo, por cuya segunda década discurrimos. Pero hay un aspecto más, que hace distinta esta muestra: en ella se presentan no sólo las obras concretas, o agrupadas en series, en sus últimas versiones, sino también todo un conjunto de "complementos", de elementos y componentes utilizados, que permite apreciar el proceso de trabajo que culmina en esos resultados finales. Exposición intensa, de largo aliento: en total, más de 60 piezas.

El aquí y el ahora (2010). Técnica mixta sobre tela, 237,5 x 304 cm.

La verdad es que debo decir que no conozco otro artista tan joven como Luis Gordillo. Esa manera de poner ante los ojos de los espectadores la trama que articula su elaboración de las obras supone asumir, de forma abierta, el peso de la mirada del otro en lo que las obras dicen y significan. No hay miedo: vayan a mirar y ver. Como en la escritura de Baudelaire, en los muros de Artium podrán encontrar el corazón desnudo de Luis Gordillo. En la conversación que mantuvo ante el público con Juan Francisco Rueda, como presentación de la muestra, dijo de forma explícita: "Me gusta hacer una obra viva y mantenerla abierta".
Los antiguos griegos consideraban que las Musas provenían de Mnemósyne, la diosa Memoria, y Gordillo formula así la función desencadenante que la memoria desempeña en la conservación y reelaboración de los materiales de análisis introspectivo en que se ha sumergido siempre, y que desplaza de la vida a la obra: "Todos los elementos los mantengo activos, viven en la memoria, y siguen presentes en mis obras." Esas obras son, por tanto, vida cristalizada, experiencia transferida a un tipo de pintura renovada, expandida. En un doble plano, "en vertical" los cambios y transformaciones de los elementos producen un tipo de registro similar al de un sismógrafo, resonancias en los estratos de la imagen. Junto a ello, hay también una intervención "en horizontal", por la que esos estratos se fragmentan, superponen y mezclan, desvelándose finalmente en las obras.

Contraespejos E (2013). Técnica mixta sobre tela 
(Acrílico sobre lienzo con base de impresión digital), 240,5 x 162,5 cm. 

Hay que indicar, también, la importancia de los títulos. Nunca descriptivos, y siempre abiertos a las más diversas variaciones de sentidos posibles. "Me gusta", afirma Luis Gordillo, "que sean irónicos y que choquen un poco." Títulos como Ojos Ogos Ogros, Globuloso-Chicloide-Selvático, Estructura de miel sintética, Firmamentos interiores, No te miro no te veo, Fábrica de basura esterilizada, Darwin evoluciona, o Sartre viendo llegar al Pop, son en sí mismos pequeñas chispas conceptuales y poéticas, que incitan a buscar y mirar qué hay debajo de las imágenes a las que acompañan.

Aparicion-Lagrima A (2013). Técnica mixta sobre tela 
(Acrílico sobre lienzo con base de impresión digital), 240,5 x 162,5 cm.

A lo largo de su trayectoria, el trabajo de Gordillo se ha caracterizado por una inmersión en profundidad en los distintos planos y ámbitos de la imagen hasta conducirlos, reestructurados, reelaborados, a un tipo de pintura de gran intensidad plástica, que a la vez cuestiona lo que habitualmente vemos y cómo lo vemos. Con su pintura, Gordillo desvela lo que hay detrás, lo que subyace en los estratos más profundos de las imágenes.
Para alcanzar esos resultados acumula de forma obsesiva imágenes ya dadas: recortes y fotografías de periódicos y revistas, fotocopias, fotografías de fragmentos y obras en curso, que posteriormente corta, reelabora y ensambla, hasta llegar a alcanzar algo nuevo: un flujo abierto de sentidos que se expande más allá, y más acá, de la mera superficie de las cosas, los sentimientos y las emociones, hasta cuestionar la experiencia y la prosa del mundo. Todo ello supone una reactualización de la pintura en estos tiempos de dominio envolvente de la tecnología en los que vivimos. Lo que implica una importante apertura y expansión de lo pictórico, que se encarna sobre todo tipo de nuevos soportes, dimensiones, y maneras de hacer.

Rembrandt`s portrait by Juan Gris (2013). [Serie Contraespejos]. 
Técnica mixta sobre tela, 180 x 149 cm. 

En los últimos años, esa interrogación de los estratos de la imagen se conduce también a través de un nuevo útil: el ordenador. Las dos últimas series de obras, magníficas, así elaboradas: Contraespejos (2013) y Aparición-Lágrima (2013), presentes en la exposición, salen de ahí. Los componentes expresivos iniciales: dibujos o células pictóricas, cuadros pequeños, fueron fotografiados y después transformados, reelaborados, en el ordenador. A continuación, otra reelaboración: cortar y pegar elementos y componentes. Tras ello, con los materiales así ensamblados, se realizan impresiones digitales en gran formato. Y, finalmente, sobre esas impresiones se hacen nuevas intervenciones pictóricas.
Obviamente, todo esto supone un denso proceso de superposición y sedimentación de elementos plásticos. Y así como uno de los riesgos que tradicionalmente han acechado a la pintura es confiarse al oficio, a "la facilidad" que el pintor acaba por tener, Gordillo sitúa ahora en esa utilización del ordenador un riesgo algo parecido: "El ordenador no produce nada feo, al trabajar en él todo resulta articulado... Por eso, lo más difícil es eliminar, deshacerse de todo aquello que daría un resultado demasiado armónico, embellecido".
En definitiva, esta maravillosa exposición permite apreciar plenamente, con la máxima intensidad, el sutil y lúcido trabajo pictórico de Luis Gordillo. En la interrogación de la imagen, en su descomposición y reestructuración. Es un trabajo sin fin, incesante, abierto, que crece en espiral. Tomando como punto de partida una imagen que se retoma y se transforma una vez y otra, hasta que se llega a un resultado que no deja de ser provisional. Porque tras ello viene la mirada del otro, prolongando también en espiral la imagen a través del curso del tiempo.



* Luis Gordillo XXL/XXI, comisario: Luis Gordillo, director del proyecto: Enrique Martínez Goikoetxea; Artium, Vitoria, hasta el 24 de agosto. 

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.136, 18 de abril de 2014, pp. 18-19.