domingo, 11 de junio de 2017

Dos exposiciones de Rafael Canogar en Madrid

La pintura, espejo de la vida

En el Tratado de la pintura, escribe Leonardo da Vinci que el pintor debe asemejarse al espejo, “que se transforma en tantos colores como las cosas que se le ponen delante; y haciendo así parecerá que son una segunda naturaleza.” Estas palabras de Leonardo volvían una y otra vez a mi mente recorriendo las obras: hermosísimas, plenas de intensidad y maestría expresivas, de uno de nuestros más grandes pintores, Rafael Canogar (Toledo, 1935). 

Composición Nº 1 (1975). Construcción en poliéster y fibra de vidrio pintada al óleo 
sobre tabla con pan de oro, 173,5 x 148 x 12 cm. Colección del artista.

De Canogar coinciden ahora dos muestras abiertas al público. En el CEART, Fuenlabrada, se presenta Ayer hoy, una reconstrucción de su trayectoria artística, desde sus inicios en 1949 hasta ahora mismo. 62 obras, articuladas en 6 capítulos o secciones, con un montaje excelente, limpio y abierto, que permite apreciar la continuidad de su impulso creativo y su raíz en la pintura, a lo largo del tiempo y a través de soportes y técnicas diferentes. El espacio de la pintura, en la Galería Álvaro Alcázar, incide en esa línea y es un magnífico complemento, con 14 piezas pictóricas realizadas entre 2016 y 2017. En definitiva, Canogar está de nuevo aquí.

Cabeza Nº 4 (Homenaje a Julio González) (1983). 
Óleo sobre lienzo, 200 x 150 cm. Colección del artista.

Deslumbra su fuerza. Desde sus inicios, modulados a partir de la figura referente de Daniel Vázquez Díaz, como se puede apreciar en Jardín de Vázquez Díaz, realizada en 1949, cuando tenía tan sólo 14 años. Después, en menos de una década, Canogar se situaba ya en el primer plano de nuestra escena artística, al formar parte en 1957 del grupo El Paso, desencadenante central de un horizonte de renovación del arte que alcanzaría un gran eco internacional.
Poco a poco, y con una voluntad de “tener los pies en la tierra”, como él mismo escribió en la revista Papeles de Son Armadans en 1959, se abre hacia el contacto con las formas orgánicas, con lo humano, con las dimensiones de la vida, lo social y lo político. Los soportes expresivos se diversifican. Desde luego, el registro dominante sigue siendo la pintura, pero en diálogo y mezcla con fotografías, tejidos, objetos escultóricos: lo figurativo y lo no figurativo dialogan entre sí en sus obras.

Nocturno urbano Nº 1 - 90 (1990). 
Óleo sobre lienzo, 200 x 200 cm. Colección del artista.

Acabando el siglo que ya pasó, en 1998, en su Discurso de Ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Canogar indicaba que sus obras serían expresión de las “dos fuerzas elementales y primarias que siempre han acompañado al hombre: las fuerzas constructivas y las destructivas.” Una contraposición que brota de la utilización de tablas y planchas, con una fuerte impronta matérica, en busca de una realidad inédita, más allá del mero registro objetual de nuestras percepciones cotidianas.
El proceso seguido hasta hoy, ya en este siglo cambiante y pleno de incertidumbres, implica en Canogar una nueva inmersión en la pintura, más allá de los registros cerrados y de las limitaciones academicistas. Es lo que resuena en lo que él mismo escribe, en su texto El espacio de la pintura: “Hemos vivido un fascinante viaje, lleno de sorpresas, de hallazgos, de intensas vivencias y nuevos lenguajes, a veces de pureza y otras, no menos intensas, de buscadas impurezas.”

Germinal (2017). 
Óleo sobre lienzo, 150 x 239 cm. Cortesía Galería Álvaro Alcázar.

Concepto, lucidez y riesgo asumido. Esos son los “compases” pictóricos que estructuran la música de este gran pintor. Buceando en la experiencia y la memoria, Canogar nos transmite en sus obras la fragmentación del sentido. El tránsito humano a través del dolor y el placer, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte. Es lo que vemos y oímos en la vibración y en la expansión incontenible del color que irradian sus pinturas. Porque esa es la cuestión, como ya decía Leonardo: hacer de la pintura un espejo que nos lleve a una segunda naturaleza. Desde “aquí”, desde donde estamos y lo que somos, a espacios abiertos y no conocidos, hasta lo que podríamos llegar a ser. Rafael Canogar: la pintura, espejo abierto que transciende la vida.   


* Rafel Canogar: Ayer hoy. Comisario: Alfonso de la Torre. CEART, Fuenlabrada, Madrid. Del 25 de mayo al 23 de julio de 2017.
* Rafel Canogar: El espacio de la pintura. Galería Álvaro Alcázar, Madrid. Del 27 de mayo al 26 de junio de 2017.  

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.286, 10 de junio de 2017, p. 23. 


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