lunes, 23 de julio de 2012

Acerca de Gerhard Richter


Inmateriales
Pintar y ver el mundo



Tras su presentación en Londres y en Berlín, he podido ver en París Panorama, la gran exposición retrospectiva de Gerhard Richter (Dresde, 1932), que podrá visitarse en el Centro Pompidou hasta el próximo 26 de septiembre. La muestra es una auténtica delicia, un goce continuo para la vista y la comprensión conceptual. En ella, a través de las diversas vías y variantes de la trayectoria de uno de los artistas centrales de la escena internacional, encontramos una especie de mapa de los deseos, utopías y frustraciones de nuestra época. Lo más relevante en la obra de Richter es que mueve a la participación de quien mira, concibiendo la pintura como un proceso abierto. De la dimensión perceptiva, visual, a la identificación y el conocimiento, y de ahí a la implicación moral. Si en 1969 afirmaba que "la pintura es un acto moral", ahora, en el catálogo de esta exposición, subraya: "el arte nos muestra cómo ver lo que es constructivo y bueno, y a tomar en ello una parte activa".

Gerhard Richter: Ema (Desnudo sobre una escalera) [Ema (Akt auf einer Treppe)] (1966).
Óleo sobre lienzo, 200 × 130 cm. Colonia, Museum Ludwig/Legs Ludwig


En su versión de París, que ha contado con la complicidad de Richter para el montaje, se han seleccionado cerca de 150 obras, desde los años sesenta hasta la actualidad, ordenadas en diez secciones. El inicio, que coincide con los primeros trabajos de Richter en los años sesenta, se sitúa en las "foto-pinturas", las cuidadas reelaboraciones pictóricas de fotografías, con las que invirtió el gesto emulativo del pictorialismo de la fotografía naciente. Un siglo después, es la pintura la que "mira" a la fotografía, la que reconstruye, partiendo de la supuesta inmediatez y fidelidad del acto fotográfico, planos mucho más complejos de la representación y la mirada. También se remontan a los años sesenta los paneles, piezas escultóricas de metal y vidrio sin ningún tipo de intervención en el cristal, de las que ha ido planteando distintas variantes y en las que suscita el juego de la transparencia y la mirada, a la vez que recupera la problemática clásica de la pintura como una ventana simbólica.

Gerhard Richter: 4 paneles de cristal [4 Glasscheiben] (1967).
Cristal y hierro, 190 × 100 cm. c/u. Herbert Foundation.


Resulta decisiva en Richter la modulación plural de su trabajo, eso sí: siempre desde la pintura. A partir de los años setenta se abre a un tipo de abstracción que combina la expresión gestual y los monocromos. Ese interés por la abstracción toma un nuevo giro a partir de los noventa que llega hasta hoy mismo, con el desarrollo de una técnica personal que consiste en ir extendiendo sucesivas capas de pintura sobre el cuadro utilizando una gran plancha de metal o vidrio con un soporte de madera en forma de tabla. La pintura se difumina, expande y alcanza gamas cromáticas y granulaciones completamente insólitas y llenas de dinamismo. En los ochenta, reinterpreta de forma singular los géneros clásicos de la pintura: el retrato, el paisaje, la pintura de historia. La interrogación ensimismada del color, en la era de la producción industrial, se plantea ya en 1973 con una obra como 1024 colores, que reproduce sin más un muestrario de colores. Y se prolonga hasta uno de sus últimos trabajos: Strip (Tira, 2011), que consiste en una sucesión horizontal de líneas de colores, otro muestrario, en este caso de colores digitales.

Gerhard Richter: Junio [Juni] (1983).
Óleo sobre lienzo, 251 × 251 cm. París, Centre Pompidou.


Resulta perturbador y emocionante ver en la exposición el ciclo de pinturas 18 de octubre de 1977 (1988), con el que Richter reconstruye la muerte en la prisión de los miembros de la Fracción del Ejército Rojo, o Banda Baader-Meinhoff,  uno de los sucesos más traumáticos de la historia reciente de Alemania. O el terrible Septiembre (2005), sobre el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, del 11 de septiembre de 2001. La violencia del mundo en el que vivimos, violencia de masas, destrucción masiva, destella ante nuestros ojos en el cristal de la pintura. Todo forma parte de una intención que despuntaba ya en las foto-pinturas de los sesenta: una tarea de rescate de la imagen. Las noticias, lo que llamamos "actualidad", aquello que despierta fugazmente nuestra atención, quedan transcendidas, se convierten en "pintura histórica", en interrogación plástica y moral de nuestra manera de ver y de sentir. Esta es, en definitiva, la gran lección de Richter, en todas sus variantes: no dejemos que el mundo se diluya ante nuestros ojos. Veamos.

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1055, 21 de julio de 2012, p. 30.


2 comentarios:

  1. Estimado profesor:
    Sigo su blog con cierto disgusto de no estar a la altura de sus conocimientos artísticos y culturales, sin embargo creo que este regalo que nos ofrece a los "neófitos" asemeja a tantos buenos libros "gratuitos" que esperan en sus estanterias de las bibliotecas sin que casi nadie muestre interés por ellos...
    Por tanto, dos cosas:
    1) Gracias por su perseverancia, por su tenacidad -casi kantiana- en el cumplimiento de su propio deber.., o creencia.
    2) Sabría alguien el porqué de tal lamentable situación: preferimos el sucedáneo que sirva para entretener( los blogs de cotilleo...) que la verdadera cultura que nos estimule y ayude a crecer...
    En fin, gracias.
    Salud y un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Eduardo García,
      Quiero agradecer su comentario, que me parece muy inteligente porque refleja "el estado de las cosas", la situación en la que vivimos.
      Por lo que se refiere a su primera cuestiön: en efecto, para mí se trata de una cuestión moral, y me identifico plenamente en esa perspectiva con Kant: "el hombre, fin último para el hombre".
      Respecto a su segunda cuestión: la verdadera cultura, la búsqueda del conocimiento, exige esfuerzo, dedicación, voluntad. Los "libros" están disponibles: hay que querer "leerlos", implicarse profundamente en la búsqueda de la verdad. No todo está perdido. Nunca ha habido tantos "libros", plataformas de reflexión, disponibles. Aunque el ruido y la ceguera ambiente sean tan intensos. Insistamos, perseveremos.
      Le envío un abrazo.

      Eliminar