viernes, 20 de abril de 2012

Exposición en el Museo del Louvre en torno a la "Santa Ana", de Leonardo da Vinci

Inmateriales
Amor y destino


No cabe duda, Leonardo: Leonardo da Vinci, claro, se ha convertido a estas alturas en una marca comercial de prestigio, en un logo de intensa resonancia mediática. Su mero nombre imanta y atrae a las masas. Y así, en estos tiempos de incertidumbre, las instituciones culturales recurren a él una vez y otra. Saben que juegan sobre seguro. Hay, de todos modos, maneras muy diversas de aproximarse a Leonardo y, desde luego, el estudio y la investigación sobre su obra, como pintor, dibujante, escritor y estudioso de la naturaleza y la tecnología, sigue dando resultados apasionantes. En esa línea hay que situar la excepcional exposición que el Museo del Louvre le dedica, y que puede verse hasta el próximo 25 de junio.

Leonardo da Vinci: Santa Ana, la Virgen y el niño Jesús bendiciendo a San Juan Bautista
- Cartón de Burlington House (hacia 1500).
Piedra negra y realces de blanco sobre un montaje de 8 hojas de papel pegadas sobre tela, 141,5 x 104,6 cm.
The National Gallery, Londres.

Con el título La Santa Ana, última obra maestra de Leonardo da Vinci, y con el comisariado de un conservador del propio museo: Vincent Delieuvin, se han reunido 135 piezas, entre obras y documentos, articuladas en torno a esa pintura excepcional, en la que Leonardo trabajó durante veinte años y que quedó inacabada a su muerte en 1519. Es importante subrayar que la muestra resulta accesible y de gran interés para el público en general por la calidad de las obras reunidas, y que a la vez aporta ideas y consideraciones de gran importancia para los especialistas, tanto en lo que se refiere a la difusión y reelaboración de motivos iconográficos en la tradición pictórica, como en relación a la forma de trabajar de Leonardo y el lento proceso de elaboración de sus pinturas.

Leonardo da Vinci: Santa Ana, la Virgen y el Niño jugando con un cordero,
llamada La Santa Ana (hacia 1503-1519).
Óleo sobre madera de álamo, 168,4 x 113 cm. (126,3 cm., con las ampliaciones laterales).
Musée du Louvre, París.
El punto de partida es la presentación de un conjunto de obras de diversos autores en torno a la "Santa Ana trinitaria", un motivo iconográfico, ya antiguo y plenamente codificado en los inicios del siglo XVI, que representa a la madre de la Virgen con ésta y el niño, con las figuras superpuestas vertical u horizontalmente, en general de manera estática. Hoy se sabe que Leonardo comenzó a trabajar en el cuadro en torno a 1500, aunque no de quién procedió el encargo, si bien las dos hipótesis más verosímiles son que proviniera de Luis XII, Rey de Francia, o que tuviera lugar en Florencia. A partir de ahí, el núcleo de la muestra gira en torno a las diversas variantes que Leonardo fue concibiendo. Parece que elaboró tres cartones, los dos últimos actualmente perdidos, con tres versiones diferentes, que culminan en la Santa Ana del Louvre, con ese juego dinámico entre un eje vertical y otro diagonal de las figuras, inscritas en un paisaje natural. Están también las otras pinturas de Leonardo que se conservan en el Louvre, con la excepción de la Mona Lisa, aunque esa ausencia se salva con la presencia de la versión de la misma recientemente redescubierta en nuestro Museo del Prado. Excepcionales los dibujos del propio Leonardo, de los cuales nada menos que 22 proceden de la colección de la Reina de Inglaterra, como se sabe la más importante del mundo. Por último, puede seguirse también el eco de la Santa Ana de Leonardo en el arte posterior, desde Miguel Ángel, Rafael o Pontormo hasta Delacroix, Degas, Odilon Redon y Max Ernst.

Odilon Redon: Homenaje a Leonardo da Vinci (hacia 1914).
Pastel sobre papel, 145 x 63 cm. Stedelijk Museum, Ámsterdam.

La exposición es magnífica. Aunque, eso sí, les aseguro que su auténtico eje de gravedad es el resplandor que emite la pintura de Santa Ana, que Leonardo llevó consigo hasta su muerte, después de una restauración impecable, que permite apreciar en toda su intensidad el volumen de los cuerpos inscritos en el aire apacible de un paisaje de ensueño. Los rostros de las tres figuras y los pies de Santa Ana han cobrado nueva vida. Los azules tienen otra modulación, tanto en el paisaje como en el manto de la Virgen, en el que Sigmund Freud vio la figura de un buitre, y que ahora permite apreciar en transparencia el color rojizo de su vestido. Poder contemplar el cuadro junto al cartón (segunda versión) que hoy se conserva en la National Gallery de Londres, es una experiencia intensa. Leonardo perseguía un ideal: plasmar en imágenes la continuidad del amor maternal y, a la vez, la aceptación del destino que nos espera en la vida, aunque éste sea el sacrificio.

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1040, 14 de abril de 2012, p. 28.

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