domingo, 11 de marzo de 2018

Exposición en la Fundación Juan March, Madrid:


Asia también está aquí
  
Tras un proceso de investigación de cinco años, la Fundación Juan March presenta en Madrid una sugestiva exposición centrada en la presencia de la cultura estética de Asia, en concreto: de India, Japón y China, en el arte contemporáneo de España. Se muestran obras, en diálogo con Asia, de más de sesenta artistas junto a pequeñas esculturas, cerámicas, estampas y dibujos asiáticos, que permiten apreciar los ecos y contrastes. No se la pierdan.

Fernando Zóbel: El río IV (1976). 
Óleo sobre lienzo, 190,5 x 240,6 cm. Museo de Arte Abstracto Español,  Cuenca.

Como punto de partida se sitúa a los artistas de los años cincuenta, que trabajaron en una línea de no figuración, así como a los nacidos en torno a la mitad de los sesenta, recordando  el momento en que se crea el Museo de Arte Abstracto de Cuenca. En relación con ello, tiene especial relieve la atención que se presta a quien fue su fundador: Fernando Zóbel (1924-1984), filipino de nacimiento y sin duda una de las figuras de mayor consistencia en nuestra historia reciente del arte.
La exposición se articula en ocho secciones temáticas: «Casas, templo, jardines», «Paisajes: ritmos de la naturaleza y la ciudad», «Texturas de la tierra», «Espíritu, energía, contemplación», «La fuerza del color», «Signo, gesto, abstracción», « A partir de Japón: nuevas iconografías» y «Poesía: del haiku a la práctica Zaj».

Gustavo Torner: Simulacro XX (1996).
Látex, feldespato y acrílico sobre lienzo y madera, 151,5 x 211 cm. Colección particular,  Madrid.

Sólo con los enunciados de los títulos puede ya apreciarse la variedad temática de las piezas reunidas. El carácter ideográfico de la escritura asiática la sitúa en un plano de comunicación y continuidad con el dibujo. Junto a ello, la representación de la naturaleza, las construcciones humanas, las figuras de dioses, y el ámbito dramático de la representación, configuran un entramado estético polimorfo y abierto que se proyecta en las pinturas, dibujos, cerámicas, fotografías, e instalaciones de nuestros artistas desde el siglo ya pasado hasta ahora mismo.

Buda en dhyana mudra. Tailandia. Estilo Bangkok  (1751-2000).
Bronce sobredorado, 61 x 49 x 23 cm. Museo Nacional de Artes Decorativas,  Madrid.

Además de las secciones mencionadas, el conjunto se complementa con otros dos apartados documentales: «Pintura de luz y línea: Fernando Zóbel, entre Occidente y Asia», e «Iluminaciones en las bibliotecas: Asia leída por los artistas». En el primer caso, se reúnen cuadernos de apuntes, álbumes, fotografías de viajes a Japón, sellos orientales, notas de clase para impartir docencia de arte chino y japonés, que Zóbel desarrolló entre 1956 y 1961 en una universidad de Manila, y algunas cerámicas chinas de la dinastía Ming (1368-1644) que encontró en las excavaciones arqueológicas en una finca familiar situada en la península de Calatagán, en las que trabajó a finales de los años cincuenta. En el segundo caso: el libro como proyección y viaje, se recoge una pequeña representación de las bibliotecas personales de Eduardo Chillida, Pablo Palazuelo, Antoni Tàpies y Fernando Zóbel.

Pamen Pereira: Cuerpo de luz I (1994).
Humo sobre papel, 95 x 127 cm. Monasterio Zen Luz Serena- CSBZ,  Casas del Río.

Obviamente, todo este panorama, tan amplio y complejo, ha exigido desbordar los espacios habituales de las salas de exposición. Y así, las obras salen fuera: a través de los cristales, en la escalera, o en el vestíbulo del auditorio. Y algo más todavía: junto a la presentación espacial de la exposición, un proyecto de historia oral, titulado “Asia y el arte contemporáneo en España”, ha dado lugar a un documental con catorce vídeos basados en entrevistas personales a otros tantos artistas realizadas a lo largo de 2017. Y a ello se suma un portal de contenidos creado al efecto en www.march.es que recoge, junto a otros materiales, una serie de cuestionarios realizados a numerosos artistas, textos, y documentos.

José María Yturralde: Vesper. Serie Enso (2016).
Acrílico sobre lienzo, 190 x 190 cm. Galería Javier López & Fer Francés,  Madrid.

La estética asiática, en la proyección y el contraste, está también aquí. Como subraya el gran escritor japonés Junichiro Tanizaki (1886 – 1965), en su hermosísimo texto El elogio de la sombra (1933), el papel asiático absorbe la luz, a diferencia del papel occidental sobre el que rebotan los rayos luminosos. Y lo mismo sucede en la arquitectura, el teatro, y los demás ámbitos de la experiencia estética. De ahí la importancia de la sombra, en lugar de la luz, como núcleo de la experiencia estética en Asia. Pues, escribe Tanizaki, “eso que generalmente se llama bello no es más que una sublimación de las realidades de la vida”.


* El principio Asia; Fundación Juan March, Madrid. Comisarios: Manuel Fontán del Junco e Inés Vallejo. Del 8 de marzo al 24 de junio de 2018.

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.320, 10 de marzo de 2018, pg. 22.



lunes, 26 de febrero de 2018

Chiharu Shiota:


Los hilos del recuerdo

Tras su primera presentación en 2014 en esta misma galería, con la muestra «Tierra y sangre», llega de nuevo a Madrid la gran artista japonesa Chiharu Shiota (Osaka, Japón, 1972), sin duda una de las artistas más relevantes del momento. Su itinerario creativo comenzó en los años noventa, pero pronto se desplazó desde Japón a Alemania. Allí estudió con Marina Abramovic en Hamburgo, y después se instaló en 1997 en Berlín, donde ha seguido residiendo hasta hoy. En esta ciudad estudió con Rebecca Horn. Todos estos datos son relevantes, porque la obra de Chiharu Shiota está caracterizada por una tonalidad femenina, y junto a las dos artistas ya mencionadas para ella son también referenciales Louise Bourgeois y Ana Mendieta. 


Su forma expresiva es la instalación, pero siempre con un trasfondo en el que resuenan los ecos de la performance y el arte del cuerpo. Shiota crea ambientes con entramados de hilos de lana, negros o rojos, que entrelazan objetos evocadores: instrumentos de música, vestidos de muñecas, zapatos, sillas, ventanas rotas, camas, cartas, llaves… Entramados de hilos concebidos como una prolongación de su propio cuerpo ausente, ya que como ella misma indica: “Duermo dentro de las instalaciones para completarlas.”


Esos hilos o redes, que tienen una analogía evidente con la tela de la araña (Louise Bourgeois), son en sí mismos una evocación de los hilos o redes que tejen las relaciones interpersonales. Shiota los considera un espejo de los sentimientos: «Los hilos están tejidos entre sí. Se enredan. Se desgarran. Se desatan. Son como un espejo de los sentimientos.» Y con ello nos traen, en definitiva, una reverberación del tejido de la vida, de la trama de la memoria. Con la forma de un dibujo que flota: “Con el hilo, estoy dibujando en el aire.”


Chiharu Shiota representó a Japón en la Bienal de Venecia de 2015, con una hermosísima e intensa instalación: «La llave en la mano», configurada por un entramado de llaves, colgando de hilos de lana roja, sobre dos barcas que representarían dos manos. Barcas que se desplazan por el mar de la memoria. Se transitaba por el espacio, de arriba a abajo, y con complementos en el espacio exterior: una gran fotografía de una niña con una llave en las manos, y cuatro monitores con filmaciones de niños recordando. Sobre esa instalación Shiota dijo: «Las llaves son objetos familiares y de valor que protegen personas y espacios importantes en nuestras vidas. Nos inspiran también a abrir la puerta de mundos desconocidos.»


Y a esa fluctuación, entre la memoria y el descubrimiento, nos lleva la impresionante instalación que se presenta en esta muestra: «Recuerda a…», construida con un entramado de hilos de lana rojos de los que cuelgan cepillos de madera, sin mangos ni soportes, que le dieron a Shiota en un taller de Suiza que tuvo que cerrar tras 136 años. Instalación que se complementa con cinco piezas escultóricas de pequeño formato y un cuadro, cuatro de las esculturas y el cuadro construidos con un entramado de hilos de lana y objetos. Chiharu Shiota: la vida es un tejido, recuperemos los hilos del recuerdo.


* Chiharu Shiota: Remind of…; Galería Nieves Fernández, Madrid. Del 17 de febrero al 17 de abril de 2018.

* Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.318, 24 de febrero de 2018, pg. 22.

domingo, 11 de febrero de 2018

Pessoa y las vanguardias artísticas en Portugal


Siempre es una gran ocasión volver a Pessoa. Fernando Pessoa (Lisboa, 1888 – Lisboa, 1935) es uno de los más grandes escritores de las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX. De su obra en prosa destaca especialmente el Libro del desasosiego, un diario íntimo que escribió entre 1912 y el año de su muerte. Quedó inédito hasta su publicación póstuma, muchos años después, en 1982. Su obra poética, de una intensidad admirable, está caracterizada por la pluralidad de voces.


José de Almada Negreiros: Retrato de Fernando Pessoa (1964).    
Óleo sobre lienzo. Museu Calouste Gulbenkian,  Lisboa.        

Este último aspecto se concretó en su utilización de otros nombres: heterónimos, cada uno de los cuales tenía rasgos de expresión diferentes. Pessoa llegó a forjar más de cien heterónimos, y entre los que alcanzan mayor proyección podemos recordar a Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, y al que figura precisamente como autor del Libro del desasosiego: Bernardo Soares.
En una de las anotaciones del Libro, Bernardo Soares escribe: «Todo se me evapora. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene, mi personalidad, todo se me evapora.» Aquí está una de las claves más profundas de la escritura y el pensamiento de Pessoa: la idea de desdoblamiento. En línea de lo que había abierto Arthur Rimbaud con su afirmación Yo es otro, Pessoa concibe la expresión como una forma abierta de expresión en los otros. En síntesis: el yo no es algo dado, sino el resultado de una construcción.


Amadeu de Souza Cardoso: Caballeros (1913).
Óleo sobre lienzo, 100 x 100 cm. Centre Pompidou,  París.

La escritura de este poeta-pensador se abrió también hacia el diálogo y la interacción con las otras artes, y tuvo un papel de gran relevancia en las formulaciones y despliegues de las vanguardias artísticas en Portugal. Con gran acierto, esta sugestiva exposición, coproducida por el Museo Reina Sofía y la Fundación Calouste Gulbenkian de Portugal, sitúa en Fernando Pessoa el punto de referencia de ese proceso entre 1914 y 1936.
De ahí el título de la muestra: Pessoa. Todo arte es una forma de literatura, una cita del artículo del heterónimo Álvaro de Campos “Otra nota al azar” (publicado en 1936). En él leemos: «Todo arte es una forma de literatura, porque todo arte consiste en decir algo. [...] En todas las artes que no sean la literatura hay que buscar la frase silenciosa que contienen [...]. [...] Líneas, planos, volúmenes, colores, yuxtaposiciones y contraposiciones son fenómenos verbales dados sin palabras, o si no a través de jeroglíficos espirituales.»
Como puede apreciarse, el planteamiento de Pessoa se sitúa en uno de los ejes centrales de los movimientos vanguardistas, que buscaban tanto la transgresión de los límites de los géneros artísticos tradicionales, como nuevas síntesis de los mismos en un marco de pluralidad expresiva.


Sonia Delaunay: Mercado en el Miño (1915).
Pintura de cera sobre papel, 93 x 127,5 cm. Colección particular.

Volver a Pessoa como una gran ocasión para entrar, o sumergirse de nuevo, en la viva y estimulante escena de las vanguardias artísticas en nuestra hermana Portugal, algo que nos faltaba en España. La exposición se abre con un cuadro excelente, un magnífico retrato de Pessoa, realizado por José de Almada Negreiros (1893-1970) en 1964. Fuera por tanto del arco temporal de la misma, pero totalmente adecuada su inclusión por lo que aporta como visión retrospectiva.
Se han reunido más de 160 obras: pinturas, dibujos y fotografías, de unos 20 artistas. Entre ellos, se presentan de forma destacada las obras de Amadeo de Souza Cardoso (1887-1918), quien a pesar de su muerte prematura es una de las figuras más relevantes del periodo, y de quien pudo verse una muestra monográfica en 1998 en la Fundación Juan March. También las del matrimonio Robert y Sonia Delaunay, quienes vivieron entre España y Portugal durante los años de la Primera Guerra Mundial. E igualmente las del antes mencionado Almada Negreiros, de quien el año pasado se mostró una amplia retrospectiva en la Fundación Calouste Gulbenkian, en Lisboa.


Guilherme de Santa-Rita: Orfeo en los infiernos (1917).
Óleo sobre lienzo, 82 x 92 x 15 cm. (con marco). Colección particular.

Se presenta así mismo un importante conjunto de documentos: cartas, manuscritos, revistas, libros… En ellos se pueden apreciar las diversas e importantes relaciones que fluían entre intelectuales y artistas de Portugal y España en aquel periodo. Cruces y relaciones de importancia especial en el caso de Almada Negreiros y Ramón Gómez de la Serna. Hay también documentos fílmicos, entre los que considero particularmente importante la primera película del destacado director Manoel de Oliveira (1908-2015): El Duero, trabajo fluvial (1931), en su versión ya con sonido de 1934.
El itinerario se estructura en cinco secciones, tres de ellas con nombres de “ismos” acuñados por Pessoa: «Paulismo», «Interseccionismo» y «Sensacionismo», que se completan con otras dos, una dedicada a las artes escénicas y otra al cierre del periodo con el rótulo «Modernidad».


Júlio dos Reis Pereira: Espera (1930).
Óleo sobre lienzo, 64,5 x 80,5 cm. Museu Calouste Gulbenkian,  Lisboa..

¿Qué vemos, qué sentimos, ante este amplio despliegue de las vanguardias artísticas en Portugal…? Pienso que el aspecto más destacable es el cosmopolitismo de los artistas, que modulan diversos tipos de lenguajes plásticos en plena sintonía con los cambios de la época. Eso sí, con rasgos propios, autónomos, con una intensa capacidad para representar los desajustes, las distorsiones.
Especialmente relevante es la fuerza satírica que podemos apreciar en muchas de las obras. En una línea que nos lleva de nuevo a Pessoa, en un texto sobre las caricaturas de Almada Negreiros de 1913: «El arte llamado satírico es aquel cuyo propósito consiste en traducir un objeto, sin error en la traducción, a otro inferior a sí mismo.» Forma y sátira: las vanguardias artísticas en Portugal.


* Pessoa. Todo arte es una forma de literatura; Museo Reina Sofía, Madrid. Comisarios: Ana Ara y João Fernandes. 6 de febrero - 7 de mayo de 2018.



Publicado en ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.316, 10 de febrero de 2018, pp. 18-19.

domingo, 28 de enero de 2018

Juan Uslé:

Vibración de la pintura

De nuevo en Madrid, en una sugestiva exposición de 15 pinturas recientes, la obra de Juan Uslé (Santander, 1954), uno de nuestros más grandes artistas. El título de la muestra: de desvelos, alude -según indica el propio Uslé- al desvelamiento nocturno de la pintura, a una especie de llamada interior que lleva luego al trabajo en la obra durante toda la jornada.

Desvelos (2017).
Vinílico, dispersión y pigmento sobre lienzo, 61 x 46 cm.

¿Qué vemos en sus cuadros…? Sobre la estabilidad del soporte pictórico, construido con vinílico, dispersión y pigmentos sobre lienzo, y la regularidad de los formatos, lo que vemos son estructuras. Estructuras de visión, construidas con líneas sobre las que se superpone el color. Y de la interacción entre color y líneas brota una estructura vibrante, que produce la impresión de espacio abierto, por el que la mirada puede fluir a través. Sin figuras, plenamente desnuda, la estructura de la representación fluye, se abre a nuestros ojos como un espejo dinámico.

Soñé que revelabas (Selengá) (2017).
Vinílico, dispersión y pigmento sobre lienzo, 274 x 203 cm.

Uslé compara sus cuadros con una partitura escrita, con los signos de una música basada en ritmos vitales. En diversas ocasiones ha aludido a la navegación, al desplazamiento en canoa por ríos, como reflejo y punto de irradiación de la pintura. Para él, los ríos: el agua que fluye, son enteramente semejantes a la vida, que también fluye. En ese sentido, no cabe duda, la suya es una pintura río.
Todo esto aparece de forma explícita en los cuatro cuadros de la serie Soñé que revelabas (cuyo inicio se remonta a los años noventa) presentes en esta exposición y datados en 2017. Junto al título de la serie llevan, entre paréntesis, nombres de ríos de muy diversas zonas: Orkhon (Mongolia), Selengá (Mongolia), Marañón (Perú), y Yarlung Tsangpo (Tibet). Las series pictóricas de Juan Uslé se conciben siempre de forma abierta, fluida, plenamente como los ríos.

Soñé que revelabas (Orkhon) (2017).
Vinílico, dispersión y pigmento sobre lienzo, 274 x 203 cm.

En los cuadros de Uslé no hay figuración: la estructura pictórica que fluye, dinámica, es el registro de una mirada interior, que bucea en lo que habitualmente no vemos en estos tiempos de sobreabundancia de imágenes. En algo que se sitúa antes. Como escribió en uno de sus aforismos: «¿Existe un lugar más sugerente que el que se desliza ante nosotros en el momento previo al descubrimiento de una imagen?»

Desencuentro II (2017).
Vinílico, dispersión y pigmento sobre lienzo, 61,5 x 46 cm.

Ahí nos desplazamos: a la estructura de fondo en la que reverberan las imágenes. Ninguna reproducción permite alcanzar lo que te da la visión directa de las pinturas de Juan Uslé: ritmo abierto de la pulsación y el color, el flujo de una mirada interior que no está quieta. La palabra decisiva es vibración: una pintura vibrante, intensamente cargada de dinamismo, que despierta ecos y flujos vibrantes en quien mira. O, como se dice en otro de sus aforismos: «Algo se escapa, fluye y se desliza. Todo parece desintegrarse para alcanzar un nivel de unidad superior.» La vida río, la pintura vibración.       


* Juan Uslé: de desvelos; Galería Moisés Pérez de Albéniz, Madrid, del 20 de enero al 10 de marzo. 
PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.314, 27 de enero de 2018, p. 23. 

domingo, 7 de enero de 2018

Louise Bourgeois:

El flujo de la emoción


Esta sugestiva, excelente exposición, reconstruye el itinerario creativo de Louise Bourgeois (Paris, 1911-Nueva York, 2010), sin duda una de las artistas de mayor relieve de nuestro tiempo. La muestra, que se presenta en los pisos 2 y 3 del MoMA, reúne 299 obras: 265 estampas (incluyendo series y las que están en libros), 23 esculturas, 9 dibujos y 2 pinturas de la primera época. Esta enumeración es importante, porque la gran aportación de esta iniciativa se sitúa precisamente en mostrar el papel desencadenante que la obra impresa desempeña en toda la trayectoria de Louise Bourgeois.

Ilustración 8 de 9 del libro ilustrado Ode à Ma Mère [Oda a Mi Madre]  (1995).
Punta seca, 30 x 30 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

Hija de una familia de tapiceros, Bourgeois se estableció en Nueva York en 1938, un año después de su matrimonio con el historiador de arte norteamericano Robert Goldwater (1907-1973). Madre de tres hijos, el primero adoptado en Francia en 1939 cuando tenía tres años y los otros dos nacidos en 1940 y 1941, tuvo su primera exposición personal en 1945. Sus primeras obras son pinturas, dibujos y grabados, y ya a comienzos de los años cincuenta se abre también a la escultura.

Araña  [Spider(1997).
Instalación escultórica, 449,6 x 665,5 x  518,2 cm. Collection The Easton Foundation. 

La exposición nos permite apreciar el carácter multimedia de su trabajo, un rasgo común en el arte de nuestro tiempo, y de lo que ella era muy consciente. Según sus propias palabras, no habría “rivalidad” entre los distintos medios, ya que estos “dicen las mismas cosas de maneras diferentes”. De ahí lo acertado de la organización temática del recorrido, que nos permite apreciar la continuidad de cuestiones e imágenes, que van y vienen en las obras de Louise Bourgeois, independientemente de las técnicas y soportes utilizados.
En ese recorrido podemos apreciar lo importante que era para ella lo que consideraba «fuerzas de la naturaleza», que se manifestarían de modo especial en el jardín. Allí, en el jardín, tenía con sus hijos cuando eran pequeños la experiencia de las plantas, las flores, los árboles frutales, los animales, los insectos. Y de ese mundo natural brota una de sus imágenes fuertes, expandida en sus obras: la mujer árbol.

Mujer araña  [Spider Woman(2004).
Punta seca sobre tejido, 34,3 x 34,6 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

La mujer, núcleo de su trabajo, que se proyecta en la casa y en la familia, donde vive sus experiencias de esposa y madre. Y de ahí, otra de sus imágenes fuertes: la mujer casa, pues la mujer es quien crea el ámbito de la convivencia familiar. También en relación con ello se sitúa otra de las imágenes intensas de Louise Bourgeois: la araña, identificada con la mujer madre. De nuevo, en sus propias palabras: “La araña… ¿por qué la araña? Porque mi mejor amiga era mi madre y ella era reflexiva, inteligente, paciente, reconfortante, razonable, delicada, sutil, indispensable, pulcra y útil como una araña.”

Mujer [Femme(2006).
Punta seca, con adiciones a mano, sobre tejido, 26 x 15,9 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

Sin embargo, no todo es calma y seguridad. La mujer experimenta, también la inestabilidad: la soledad, el abandono, la pérdida, la melancolía. Y frente a ello la respuesta femenina que Louise Bourgeois propone es precisamente la del despliegue, tal y como podemos ver sobre todo en las imágenes del cabello tan largo como el cuerpo. El vuelo, el flujo libre del cabello que se desplaza y proyecta. Y, como variante, otra de sus imágenes recurrentes, la espiral: “La espiral es un intento de controlar el caos.”

Mujer espiral [Spiral Woman] (2003).
Punta seca y grabado, 43,2 x 38,1 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

En definitiva, aquí están los ejes recurrentes de la gran obra artística de Louise Bourgeois: imágenes de mujer, imágenes abiertas y llenas de vida, que cuestionan con intensidad las fórmulas reductivas del patriarcalismo y del machismo. Un ejemplo más: la utilización, invertida, del cuerpo del santo atravesado por las flechas: San Sebastián, que ella convierte en Santa Sebastiana. La mujer es fuente de vida y vida abierta, sin límites.
Todo se encarna en imágenes. Pero, sin embargo, el objetivo de Louise Bourgeois no se detiene ahí: en la imagen, o en la idea. Ella quiere alcanzar y transmitir la emoción: “Lo que busco no es una imagen. No es una idea. Es una emoción que quieres volver a vivir.” Louise Bourgeois: el flujo de la emoción.


* Louise Bourgeois: An Unfolding Portrait [Louise Bourgeois: Un retrato en despliegue]. Comisarios: Deborah Wye y Sewon Kang; MoMA, Nueva York, hasta el 28 de enero de 2018.

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.311, 6 de enero de 2018, p. 22. 

sábado, 23 de diciembre de 2017

Giorgio de Chirico:

El teatro de la mente


En principio,  una exposición de «síntesis» de la obra de Giorgio de Chirico (Volos, Grecia, 1888 – Roma, 1978) hubiera podido ser todo un acontecimiento. Sin embargo, lamentablemente, en esta ocasión no ha sido así. Aunque claro, siendo de Chirico un artista tan referencial en el arte de nuestro tiempo, la muestra no deja de tener interés.
Organizada en colaboración por la Obra Social “la Caixa” y la Fundación Giorgio e Isa de Chirico, la exposición reúne más de 140 obras, en su mayor parte datadas a partir de 1940. Es, además, un dato especialmente sorprendente la gran cantidad entre ellas ante-datadas en el lienzo por el propio de Chirico, con su firma y fechas inadecuadas, algo que afortunadamente se corrige en las cartelas. En todo caso, las etapas más relevantes del trabajo artístico de de Chirico, desde 1910 hasta los años treinta, está casi ausente, salvo la excepción de algunos bellos dibujos y de una pintura de extraordinaria calidad: Los arqueólogos, realizada en 1927.

Los arquéologos [Gli archeologi] (1927).
Óleo sobre lienzo, 116 x 89 cm. Galleria Nazionale d'Arte Moderna e Contemporanea, Roma.

El montaje es limpio, bien concebido, y se articula en seis secciones: Retratos y autorretratos, Plazas de Italia y maniquíes, Interiores metafísicos, Baños misteriosos, Mundo clásico y gladiadores, e Historia y naturaleza. Las piezas expuestas permiten apreciar la constante repetición de temas, ideas y composiciones plásticas que caracterizan las cuatro últimas décadas del trabajo artístico de de Chirico. El referente continuo es siempre la antigüedad clásica: Grecia y Roma, y junto a ello el clasicismo pictórico, particularmente en los retratos.

La esposa fiel [La sposa fedele] (1917).
Lápiz sobre papel, 32 x 22 cm. Galleria Nazionale d'Arte Moderna e Contemporanea, Roma.

Este aspecto serial, la repetición temática y estilística, ha sido ya bastante criticado. Aunque, en sentido contrario fue defendido en 1982 por Andy Warhol: “Adoro su obra y esta manera de repetir las mismas pinturas una y otra vez. Me gusta mucho esta idea; pues pensé que sería formidable hacerlo”. El juicio de Warhol no resulta extraño, pues desde un punto de vista estrictamente formal la pintura de Giorgio de Chirico guarda bastante paralelismo con la estética pop. De Chirico no es un pintor del detalle, o de la precisión, sus cuadros se estructuran sobre un esquematismo expresivo que los hace equivalentes a los carteles, a la representación directa de la publicidad. A ese respecto, podríamos caracterizar su obra por un cierto sentido pop de la representación clásica.


Las musas inquietantes [Le muse inquietanti] (1947) [firmado: 1925].
Óleo sobre lienzo, 97 x 66 cm. Galleria Nazionale d'Arte Moderna e Contemporanea, Roma.

A finales de los años sesenta, de Chirico comenzó a hacer esculturas en bronce, algunas de las cuales se presentan en la muestra. Aquí la repetición sigue el curso de la transposición: figuras de maniquíes en tres dimensiones que repiten de forma apagada lo que había sido intensa representación pictórica de la humanidad como enigma. Esculturas que sorprenden por su pequeño alcance.
El contraste de esta deriva, que sitúa la obra de de Chirico en un plano casi de mera ilustración de referentes míticos e históricos de la antigüedad respecto a la intensidad conceptual y plástica de sus primeras décadas, resulta evidente recorriendo esta exposición. El de Chirico de antes centra su mirada en el enigma, siempre presente en las vidas de los seres humanos. Un lema que inscribió, en latín, como título de la obra en el marco de la misma: ¿Y qué amaré, sino el enigma?


El huésped misterioso [L'ospite misterioso] (1934).
Una de las diez litografías para el libro de Jean Cocteau Mythologie, 28,2 x 22,2 cm. 
Fondazione Giorgio e Isa de Chirico, Roma.

El enigma: de ahí brota la interrogación plástica de de Chirico sobre la mente perdida en los escenarios urbanos, en los nuevos ámbitos de la ciudad moderna, que dota de un gran alcance a su obra. Pero las plazas vacías, las arquitecturas y esculturas, los maniquíes, las naturalezas muertas (que él prefería llamar “vidas silenciosas”, en un eco obvio de la expresión en inglés “still lifes”), acabarían dando paso posteriormente a  la repetición y a la ilustración de motivos mitológicos de la antigüedad clásica.
La centralidad del enigma se reformulará años después como arte metafísico, un término que registra el interés de de Chirico por la filosofía, y su lectura de los textos de los grandes clásicos de la disciplina. En 1919, en su texto «Nosotros metafísicos», escribiría: “La astucia más terrible que regresa desde más allá de los horizontes inexplorados para fijar en la metafísica eterna, en la terrible soledad de un inexplicable lirismo: una galleta, el ángulo formado por dos paredes, un dibujo que evoca algo de la naturaleza del mundo estúpido e insensato que nos acompaña en esta vida tenebrosa”.


Plaza de Italia con fuente [Piazza d'Italia con fontana] (c. 1968) [firmado: 1954].
Óleo sobre lienzo, 40 x 50 cm. Fondazione Giorgio e Isa de Chirico, Roma.

En otro escrito del mismo año, publicado unos meses después: «Sobre el arte metafísico», manifiesta su rechazo a considerar el sueño, otra de las claves iniciales de su trabajo, como “una fuente de creación”, ya que “en el sueño ninguna imagen, por extraña que sea” golpearía “con potencia metafísica”. Puede así apreciarse una línea de distanciamiento con el surrealismo, que se hace explícita al situar el sueño por debajo de los misterios y apariencias que la mente humana encuentra: “es cierto que el sueño es un fenómeno extrañísimo y un misterio inexplicable, pero aún lo es más el misterio y la apariencia que nuestra mente otorga a ciertos objetos, a ciertos aspectos de la vida.” Giorgio de Chirico: la mente en acción, su flujo abierto en el teatro de la vida.



* El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad. Comisarias: Mariastella Margozzi y Katherine Robinson; CaixaForum Madrid. Del 23 de noviembre de 2017 al 18 de febrero de 2018.

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.309, 23 de diciembre de 2017, p. 18.