martes, 30 de marzo de 2021

Antoni Muntadas en el Museo de Bellas Artes de Bilbao

Ciudad y tiempo

Tras dos años de intenso trabajo, Antoni Muntadas (Barcelona, 1942) presenta lo que él denomina un «proyecto», y no una exposición. En él reconstruye el devenir histórico del urbanismo de Bilbao, siguiendo como línea de articulación el recorrido de la ría del Nervión y las distintas intervenciones arquitectónicas que se han ido sucediendo en la ciudad. El título del proyecto: «La ciudad vacía», alude a cómo esas intervenciones, con su carácter monumental, habrían ido ocasionando el vaciamiento de la urbe. Una cuestión que alcanza un eco profundo con las experiencias de la pandemia y el confinamiento que hemos vivido en los últimos tiempos.

El trabajo artístico de Muntadas tiene un interés y alcance conceptual muy profundos, en él ha ido integrando siempre la indagación sobre el lenguaje, sus usos sociales, y sus dimensiones políticas. En esta ocasión, todo ello se sintetiza con su atención a la arquitectura, que ha constituido un núcleo central de sus actividades como profesor en el Departamento de Arquitectura del Instituto de Tecnología de Massachuseetts (MIT) entre 1990 y 2014, así como en el Instituto Universitario de Arquitectura del Véneto, en Venecia, desde 2004.

Muntadas sitúa como núcleo de este proyecto multidisciplinar una serie de propuestas, iniciada en 1995, que lleva como título «On Translation» («Sobre la Traducción»), y que según aclara «hace referencia no a la traducción palabra a palabra, sino a la traducción cultural.» En esa línea, el proyecto «La ciudad vacía» se despliega en tres secciones y un complemento, aunque ya en la sala de entrada a los espacios destinados a su presentación encontramos dos baldas con catálogos anteriores de diversas propuestas de Muntadas, lo que resalta la línea de continuidad de lo que podemos ver, leer y oír ahora.

El complemento, que Muntadas caracteriza como una serie de anotaciones audio-visuales «a pie de página», tiene el carácter de un «preámbulo» de la investigación sobre Bilbao. Aquí encontramos tres vídeos anteriores: Dérive Veneziane (2015), Guadiana (2017) y Finisterre (2017), que alcanzaron un importante eco en sus proyecciones públicas y que nos llevan a otras confluencias de aguas y ciudades. Los signos de la escritura se confrontan con las imágenes visuales, pues en los bancos pintados de blanco dispuestos para sentarse a ver los vídeos encontramos inscritas, con un color negro intenso, las palabras TRANSITAR, TRANSFORMAR y TRANSCURRIR.

«Vacuum / Plenum»

La primera sección tiene como título «Vacuum / Plenum», palabras en latín que contraponen «Lo vacío y Lo lleno». Esa contraposición se articula en dos caras contrapuestas de una pantalla. En una van pasando en loop imágenes en blanco y negro de la ciudad, tomadas con cámara fija. En ellas vemos el despliegue de las aguas del núcleo acuático: la ría, de la ciudad de Bilbao. Todo ello, en silencio. Y en el banco para sentarse encontramos la inscripción TRADUCIR.

                                             «Vacuum / Plenum»                                             

En la otra, las imágenes en color nos llevan a la ciudad habitada, con sus construcciones arquitectónicas en torno a la ría, con gente que va y viene. En los muros hay una serie de citas de Walter Benjamin (extraídas de su Obra de los Pasajes, y en concreto del capítulo París, capital del siglo XIX). Entre ellas, por su relación directa con el proyecto de Muntadas, me parece importante destacar las siguientes: «El sentimiento de pertenencia a una ciudad va siempre unido por sus habitantes… / […] creando así un vacío antes de que apareciera el siguiente / […] nunca nos es posible recordar por completo lo que hemos olvidado […]». En el banco para sentarse a ver está la inscripción TRANSMITIR.

«Vacuum / Plenum»

Y es importante tener en cuenta que hay una entera sincronía entre las dos proyecciones, en las que se ven los mismos espacios, pero eso sí: en momentos diferentes del tiempo en la ciudad.

La segunda sección: «On Translation: La Ría», tiene como punto de partida el cuadro de Darío de Regoyos (1857-1913) La ría de Bilbao (c. 1910), que se confronta con la visión de la ría que transmite Google Earth. En este caso, se contraponen dos grabaciones sobre la ría que podemos oír. Una es la de la audioguía de la ciudad, con su carácter pretendidamente «oficial», mientras que la otra, del escritor Iñaki Uriarte, transmite una visión crítica de cómo se ha ido interviniendo arquitectónicamente en Bilbao en las últimas décadas.

En la tercera sección: «Suntsiketa / Eraikuntza», palabras en euskera que significan «Destrucción / Construcción», vemos un conjunto de fotos fijas de obras, edificios, pandemias e inundaciones, en blanco y negro y en color, viradas en negativo, con lo que se les pretende dar «un sentido fantasmal». En el banco en blanco para sentarse está la inscripción TRANSGREDIR, y además se puede también oír una grabación de unos «bertsolaris», en vasco improvisadores populares de versos.

«Suntsiketa / Eraikuntza» [«Destrucción / Construcción»]

Un signo central del proyecto de Muntadas es la repetición del prefijo TRANS en las inscripciones de los bancos, con las que según él indica nos lleva al origen del proyecto en su «On Translation», y con los sentidos de «a través» y «transmitir», pues con ello se quiere suscitar «participación» en aquellos con los que comparte sus proyectos. Lo que intenta es desencadenar un proceso que implica un paso de mirar a ver y percibir.

En definitiva, este profundo y excelente proyecto nos lleva, a través de la visión y percepción del flujo acuático y arquitectónico de Bilbao, a una consideración del carácter dinámico, fluido, tanto de las aguas como de las ciudades, puestas en espejo: ciudad y tiempo.

 

Muntadas. La ciudad vacía. Comisaria: Guadalupe Echevarría. Museo de Bellas Artes, Bilbao. Del 19 de marzo al 5 de septiembre de 2021.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 26 de marzo -1 de abril de 2021, pgs. 26-27. Edición online, https://elcultural.com/muntadas-ciudad-y-tiempo

jueves, 25 de marzo de 2021

Libro BERLÍN Y EL ARTISTA

 Paseante en el tiempo

La editorial Siruela, que ha ido publicando en español la mayor parte de los textos del escritor suizo Robert Walser (1878-1956), nos trae ahora un nuevo volumen de gran interés y proyección. Autor de tres relevantes novelas publicadas en los inicios del siglo XX: Los hermanos Tanner (1907), El ayudante (1908), y Jakob von Gunten (1909), fue abriendo su escritura hacia el ámbito de los textos breves, en prosa, la mayor parte de los cuales aparecieron en publicaciones periódicas. Su último libro publicado en vida: La rosa (1925), de una profundidad admirable, pertenece a ese género.

La trayectoria literaria de Robert Walser, que nació en la ciudad bilingüe de Biel, tiene sus inicios en torno a sus veinte años, cuando comienza a publicar en periódicos y revistas, y a viajar y pasar temporadas en diversas ciudades alemanas y suizas. Después, sería decisivo el periodo que vivió en Berlín, entre 1905 y 1912. Posteriormente, regresó a Suiza, viviendo de nuevo en Biel entre 1913 y 1921, y luego en Berna entre 1921 y 1933. Ese año, aquejado por una profunda enfermedad mental fue internado en una clínica psiquiátrica en la ciudad de Herisau, donde pasaría sus últimos veintitrés años de vida. Fue entonces, a partir de 1933, cuando tomó la decisión de no escribir más, pues según manifestó la escritura es incompatible con la falta de libertad. Fallecería, de un ataque al corazón, el día de Navidad de 1956.

Poco a poco, la recuperación de sus obras y la publicación de sus textos breves en diversas compilaciones y antologías acabarían convirtiendo a Robert Walser en uno de los escritores más relevantes del siglo veinte en lengua alemana. Fue muy apreciado, entre otros, por Franz Kafka, Robert Musil, Elias Canetti, o Thomas Bernhard. Y Walter Benjamin escribió sobre él, en 1929, un hermoso y profundo texto en el que tras subrayar que su estilo se caracteriza por un asilvestramiento del lenguaje que resulta fascinante y por un específico dejarse llevar, nos dice que lo que Walser consigue así es trasladarnos intensamente cómo viven los personajes de los que habla.


Se trata de algo decisivo, porque leer a Walser es respirar, a través del lenguaje, el aroma de la vida. El libro que ahora se publica en español, con una excelente traducción, recoge una serie de prosas breves, de textos diversos, escritos entre 1899 y 1928, y ordenados cronológicamente. Hay que decir, en todo caso, que el título elegido: Berlín y el artista, que es el de uno de los textos seleccionados, puede inducir a equívoco, pues el conjunto de prosas no se refiere a esa cuestión. De hecho, el título de la edición original en alemán: Una bofetada y otras cosas, que coincide también con el de otro de los textos seleccionados, es diferente, y alude de forma directa al carácter abierto y disperso de las prosas. En su edición original, los textos han sido seleccionados y reunidos por uno de los artistas plásticos actuales más relevantes: el también suizo Thomas Hirschhorn, junto con el escritor Reto Sorg.

En su breve texto de introducción, Hirschhorn indica que en la escritura de Walser “lo único esencial es el texto”. Y, efectivamente, ese es el punto de partida en la lectura de un conjunto de prosas diversas que nos llevan de un lado a otro, pero siempre trazando el vuelo de un espejo entre la vida y lo que las palabras dicen. Eso sí, hay una pauta de estilo firme: la escritura en primera persona, que abre continuamente los espacios de la interrogación y la duda desde el interior del texto. Y así, cuando leemos es en todo momento como estar pensando de forma abierta, comunicando directamente con una voz que nos habla.

Con una temática tan variada y diversa, los textos de Walser reunidos en libro nos muestran la gran coherencia de su escritura. Con él viajamos en el tiempo. Recorremos sus itinerarios con mujeres y hombres. En la naturaleza: las montañas, los estanques, la nieve... Y en la vida cotidiana de las ciudades de entonces: los tranvías, los bares, los restaurantes, las calles, los teatros, el cine... No se pierdan este libro intenso y profundo. En él, como señala el propio Robert Walser: “Lo que se busca es el retrato de algo vivido en un sueño.” (pg. 313).  

 

* Robert Walser: Berlín y el artista. Traducción de Isabel García Adánez. Siruela, Madrid, 2021. 346 pgs.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 19-25 de marzo de 2021, pg. 24. Edición online, https: https://elcultural.com/robert-walser-y-el-aroma-de-la-vida 

martes, 16 de marzo de 2021

Exposición en el Patio Herreriano, Valladolid

La vitalidad de la pintura

Uno de los tópicos más vacíos y carentes de sentido es el que habla de la muerte o desaparición de la pintura como género artístico por los avances y desarrollos de la técnica en el proceso de producción de formas e imágenes. Desde la segunda mitad del siglo veinte hasta la actualidad es algo que se viene repitiendo, una vez y otra, a pesar de su inconsistencia. Porque a partir de la configuración de la «mímesis»: en sentido preciso «representación sensible» (aunque reducida siglos después a imitación), que implica el descubrimiento cultural de lo que seguimos llamando «arte», se fue desplegando un sentido específico de práctica artística: la pintura, a través de la producción de formas visuales y colores que abren un horizonte intenso de sentidos diversos. Cambian los soportes y los procedimientos, pero la pintura sigue viva.

Y de ello nos habla esta densa y relevante exposición, en la que se presentan obras diversas de 56 artistas, con las que se quiere trazar un mapa del desarrollo y presencia vital de la pintura en España desde los años setenta del siglo pasado hasta la actualidad. Queda fuera la década de los ochenta, que aunque algunos consideran el periodo de mayor esplendor de la pintura española contemporánea, Mariano Navarro piensa que se trata sobre todo de una fase de gran impacto económico y comercial.


Nacho Criado: Homenaje a Rothko I (1970-1999).
Técnica mixta, acrílico y cartón, 107 x 77 cm. Colección particular. 

El proyecto ahora planteado subraya dos tendencias en la pintura española contemporánea. En primer lugar, la que se sitúa en la década de los setenta, “inscrita en el tardofranquismo”, que despliega un proceso de investigación sobre el arte conceptual, y que lleva a una “indistinción” progresiva entre abstracción y figuración. Y posteriormente, ya a finales de los noventa y a comienzos del siglo en el que ahora estamos, la que abre “un nuevo impulso de la pintura”. Es algo que conoce a fondo Mariano Navarro, quien lleva bastantes décadas analizando, y trabajando crítica y teóricamente sobre la cuestión.

 La muestra, con un excelente montaje y un estimulante diálogo entre las obras y los espacios en los que se presentan, se articula en cinco secciones básicas, más un espacio/taller complementario, y tres intervenciones en ámbitos distintos del Museo.

Joan Hernández Pijuan: Un lloc conegut-2 (2004).
Óleo sobre lienzo, 162 x 290 cm. Museo Patio Herreriano.

Estas intervenciones son intensamente significativas, porque nos muestran directamente hasta qué punto la pintura no puede reducirse sin más al formato tradicional del cuadro. Ignasi Aballí oscurece con sombras pictóricas los cristales del claustro de la planta baja. En una de sus dos intervenciones, Carlos Maciá impregna con masas de distintos colores: verde, negro, azul, rojo y naranja, los vidrios de las grandes ventanas de una de las secciones del Museo, que pueden verse así tanto desde dentro como desde fuera del mismo. Y también Maciá interviene con líneas de trazados que acompañan dos cuadros de gran formato, de 1980, de Soledad Sevilla (reciente Premio Velázquez), cuya obra está también presente ahora en el Museo, fuera de esta exposición, con una deslumbrante instalación realizada con hilos de algodón y una sala de síntesis de su manera de pintar. 

Situadas en distintas salas del Museo, encontramos las cinco secciones que conceptualmente agrupan las más de ochenta obras que se presentan en la muestra. En la Sala 3, centrada en “la pintura expandida”, encontramos un conjunto de obras que exceden los límites del lienzo tradicional, la pintura se expande en formas y soportes escultóricos. Obras recientes, de artistas en su mayoría jóvenes, pero donde también están tres grandes obras pictóricas tridimensionales de Mitsuo Miura, que parecen estar volando en las paredes.

Irma Álvarez-Laviada: Lo necesario y lo posible II (2015).
Pintura industrial sobre material de embalaje y barras de hierro, 278 x 215 cm. 
Cortesía de la artista y Galería Luis Adelantado, Valencia.

La Sala 4 nos lleva a “la pintura desmaterializada”, que tendría su inicio en el despliegue del arte conceptual, y en la que se desplazaría la materia para llevar la propia pintura y sus materiales a la reflexión. Aquí están, entre otras, ya desde 1970, las obras de Nacho Criado, Ignasi Aballí, Miquel Mont e Irma Álvarez-Laviada. La Sala 6 está dedicada a “la pintura fluida”, protagonizada por artistas que desarrollan un ejercicio continuo de reflexión en torno a la abstracción. Entre otras, con piezas de Joan Hernández Pijuan, Carlos León, Sabine Finkenauer y Elvira Amor.

La amplísima Sala 7 reúne obras que responderían a una “figuración narrativa”, entendida como crítica y despliegue de una figuración que narra sin contar historias. Con piezas de Ángeles Agrela, Carlos Franco, Patricia Gadea, Juan Ugalde, y José Miguel Pereñíguez... La Sala 8 se centra en la “figuración a-representativa”, entendida en el sentido de una marcada ambigüedad iconográfica y en la ausencia de la necesidad de contar. Y aquí están, entre otros, Luis Gordillo, Miki Leal, y Abraham Lacalle. Y todo este intenso conjunto se completa, en la Sala 5, con lo que se denomina “el taller de pensar”, que recoge materiales que muestran el proceso de investigación y desarrollo de algunas de las obras presentes en la exposición.

Elvira Amor: Sin título EA 20.6 (2020).
Acrílico sobre lienzo, 150 x 200 cm. Cortesía de la artista.

Frente a la uniformidad repetitiva y reduccionista de las imágenes hipermediáticas que nos rodean y asedian en la actualidad, esta magnífica exposición, en su significativa amplitud y diversidad, nos muestra el aliento de singularidad al que nos lleva siempre la pintura cuando alcanza un grado de altura. Nuestros ojos permanecen abiertos en la interrogación de los sentidos y ámbitos de la experiencia. La pintura nos da vida.

 


Pintura: renovación permanente. Comisario: Mariano Navarro. Patio Herreriano, Valladolid. Del 6 de marzo al 29 de agosto de 2021.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 12-18 de marzo de 2021, pgs. 24-25. Edición online, https://elcultural.com/la-vitalidad-de-la-pintura

domingo, 21 de febrero de 2021

Exposición de Carlos León: "Fracturas"

Los colores hablan

En estos tiempos complejos, de pandemia y borrascas, la pintura artística sigue actuando como un espejo de vida. Eso es lo que podemos encontrar en esta incitante exposición de Carlos León (Ceuta, 1948), que se presenta con una excelente organización y montaje, algo que nos permite pasear con la mirada y llegar a ver la profundidad de lo que sus obras nos dicen. Porque las obras de Carlos León constituyen un lenguaje expresivo, ya que sus colores hablan, nos llevan a las resonancias del mundo interior, a los ecos de la sensibilidad, y a la iluminación de lo inconsciente.

Hafrica cenere (2021). Acrílico sobre madera, 250 x 200 cm.

Desde que en 1966 se inició en la pintura, Carlos León ha ido siguiendo un firme itinerario. Artista viajero, mantuvo largas estancias en París y en Nueva York que fueron decisivas para su síntesis de las raíces hispánicas y las modulaciones internacionales del arte. En mi opinión, es uno de los artistas más relevantes de nuestro tiempo.

Fracturas, título de la muestra, que alude al proceso de ruptura de los cuerpos y a la vez a la apertura continua de nuevos soportes y vías de expresión, nos lleva al momento actual de su actividad, en estos tiempos de confinamiento que con toda su negatividad favorecen sin embargo la visión más íntima de las cosas. El aspecto determinante en Fracturas tiene que ver con la reciente utilización como soporte pictórico de la madera, algo nuevamente empleado desde hace poco tiempo en el trabajo de Carlos León, aunque significativamente en la exposición está presente un cuadro datado en 1996 y que lleva como título El antiguo.

Derrames (2020). Acrílico sobre madera, 122 x 92,5 cm.

En lugar de «abstracción», si queremos ser precisos, siempre he considerado más adecuado hablar de «no figuración», en referencia a la pintura cuyas formas no son figuras pero tienen una importante significación estética. Y ello, para que quede completamente claro, porque en mi opinión en el buen arte figurativo siempre hay abstracción. Y no hay mejor ejemplo de esta cuestión que Las meninas, de Velázquez.

En Fracturas se presentan 60 obras, 45 pinturas (piezas únicas o series) y 15 ensamblajes de objetos materiales diversos, objetos encontrados e intervenidos. Todo ello nos habla de la vibración interior que desencadena el proceso creativo de Carlos León.  

Los ensamblajes se articulan fundamentalmente a partir de objetos desechados e inservibles para su función primaria. Sobre ellos Carlos León desarrolla un giro estético, despojándolos de toda funcionalidad, y haciéndolos dialogar con la pintura, el sonido y la escritura. Y así lo decisivo en estas piezas es también el juego de transparencias y superposiciones tan característico de su trabajo.

Las pinturas tienen una calidad excepcional: el óleo o el acrílico fluyen sobre la madera o el dibond, soportes que contribuyen a dar un relieve casi corporal a los signos pictóricos, a los colores. Es un lenguaje que se desarrolla en todo momento construyendo una articulación plural. A través de la gradación, la difuminación, y la expansión de las masas de colores, vemos cómo estos hablan entre sí. No hay colores solitarios o aislados.

Y en lo que vemos podemos apreciar un juego de contrastes entre la naturaleza y la interioridad humana, que constituye un rasgo central de la pintura de Carlos León. Sus obras nos llevan al ensueño de la naturaleza primordial, al eco del jardín, del estanque, de los meteoros, del agua que fluye y da vida.

Los meteoros (2019). Óleo sobre dibond, 200 x 275 cm. 

La evocación de la interioridad tiene que ver con la importancia de los títulos, en ningún caso descriptivos, y no pocos de ellos en latín. Siempre ha habido en los títulos de sus obras, referencias, explícitas o implícitas e interiores, al mundo clásico: Grecia, Roma... De este modo, el juego pictórico de las formas alcanza una resonancia poética y textual: cuando miramos los cuadros no nos quedamos en lo inmediato, sino que vemos más allá, llegamos a un ámbito más profundo de interrogación y de sentido. Y es que la poesía, la literatura, y los textos filosóficos están en la raíz de sus obras desde los inicios de su trayectoria. Sin olvidar otro aspecto decisivo: la música. Todo se despliega en un conjunto de vibraciones en el que los colores siguen un ritmo, se mueven y desplazan articulando un eco de sonidos en las formas no figurativas.

En 2018, en una conversación con Óscar Curieses, Carlos León indicaba: “La lectura en general, y más aún la lectura de poesía, suele tener efectos concretos sobre mi trabajo. A menudo es una sesión de lectura la que desencadena el deseo de ponerme a pintar o a manipular objetos tridimensionales. El proceso es siempre dual: intuitivo, irracional y casi inconsciente, por una parte, y reflexivo, medido y conceptualmente estructurado, por otra.” Dentro y fuera se comunican, lo interior íntimo y la construcción del concepto fluyen y vuelan en los colores.

Serie El nombre de los meses, nº 6 (2016). Óleo sobre dibond, 250 x 150 cm.

Todo ello implica un juego de espejos entre lo inconsciente y la objetividad compartida a través del concepto. En términos freudianos, del ello al yo y al superyó, podríamos también decir, y es que un dato que resulta significativo es que Carlos León siguió sesiones de psicoanálisis durante cinco años.

Su pintura es un ir y venir en el que los colores nos hablan de lo que se va y de lo que permanece. En Fracturas podemos ver la serie de doce cuadros El nombre de los meses (2016), en los que con un juego de diversas oscuridades y brillos apreciamos un ir y venir que se repite a lo largo de las estaciones, en un despliegue en espiral del calendario.

Festina lente (2019). Acrílico sobre madera, 250 x 200 cm.

Y particularmente expresiva para comprender el ir y venir de la vida es Festina lente (2019), una frase supuestamente usada por el emperador romano Octavio Augusto a partir de un oxímoron en griego, y que significa “apresúrate lentamente”. Carlos León: los colores que hablan profundamente despacio nos muestran la velocidad, el vuelo de la vida.  

 

Carlos León: Fracturas. Comisario: Fernando Castro Flórez. DA2, Salamanca. Del 29 de enero al 40 de mayo de 2021 [esta última fecha no es un error: es un juego de lenguaje, que han decidido expresar los organizadores para sugerir que la exposición NO CIERRA, QUE ESTÁ ABIERTA EN EL TIEMPO...].

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 19-25 de febrero de 2021, pgs. 28-29. Edición online, https:elcultural.com/carlos-leon-los-colores-hablan


viernes, 19 de febrero de 2021

Publicación en los ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

En su excelente boletín ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA, han tenido la amabilidad de acoger mis notas "PALABRAS EN EL CONFINAMIENTO", lo que comparto ahora con todos vosotros.

El boletín es un gran interés, y quiero agradecer al Director del Museo: Fernando Sáez y a todos los que con él trabajan, su magnífico conjunto de actividades en un Museo de tanta importancia.




lunes, 25 de enero de 2021

Entrevista sobre mi libro «Crítica del mundo imagen»

 LA ROSA DE LOS VIENTOS ondacero.es Madrid|24.01.2021 

La Cara B: El "poder" de la imagen

Cuando miramos la portada de un periódico, ya no nos fijamos en el titular sino en la foto que lo acompaña. El mundo ya no se lee, se ve y vemos cosas muy buenas, pero a veces el mundo imagen hace que las palabras se pierdan. Buscando informaciones sobre la imagen, hablamos con el filósofo José Jiménez, que acaba de publicar el libro 'Crítica del mundo imagen'.

Play 15:09

https://www.ondacero.es/programas/la-rosa-de-los-vientos/audios-podcast/cara-b/cara-poder-imagen_20210124600db954461e9900014f03db.html

Vivimos en un mundo de usar y tirar en el que la imagen es rápida, lo que está provocando que el mundo sea inmaterial, que cada vez se escriba menos, se potencie menos la novela y se diga más aquello de '¿lo has visto?'.

El mundo se ha vuelto tan infantil como visual, en el que dos palabras ya son mucho. Pero a veces, nos hacen falta palabras para describir imágenes, y por ello, hablamos con el Doctor en Filosofía y Catedrático de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, José Jiménez.

Jiménez no cree eso de que una imagen valga más que mil palabras, pero reconoce que es verdad que las imágenes "son de una densidad y una importancia notable", aunque igualmente lo son las palabras: "Lo interesante es ver los ámbitos del sentido de significación tanto de las imágenes como de las palabras".

Asegura que el término "mundo de la imagen" se convirtió en un tópico hace años y que "realmente lo que ha habido es un predominio de una forma de escenificación de la vida convertida en imagen".

Asimismo, explica que en su libro plantea que ha existido un proceso llamado genealogía, por el cual el proceso de producción de las imágenes se ha diversificado a través del impacto y la expansión de la técnica.

"Con ello y con el paso del tiempo fueron apareciendo técnicas importantes de producción de imágenes -diseño, publicidad y los medios- que hoy día están confluyentes en los soportes digitales con los que vivimos. Creo que todo esto ha dado lugar a una situación en la que la imagen, como escenificación, predomina extensísimamente", afirma.

 

 

jueves, 24 de diciembre de 2020

Exposición de León Ferrari en Madrid

 

León Ferrari: Arte y activismo

Las obras del gran artista argentino León Ferrari (1920-2013) llegan por tercera vez al Museo Reina Sofía, en el año en el que hace tres meses se cumplía su centenario. Su primera presentación fue en la muestra colectiva Heterotopías, entre diciembre del 2000 y febrero de 2001. La segunda vez fue en una exposición en contraste con la artista brasileña Mira Schendel (1919-1988), con el título El alfabeto enfurecido, entre noviembre de 2009 y marzo de 2010.

Sin título (1963). Acuarela y collage, 30,5 x 23,6. Donación Museo Reina Sofía.

En esta ocasión se trata de una muestra personal, una síntesis de su trayectoria, con un planteamiento no cronológico sino temático. Se trata de un proyecto desarrollado tras un acuerdo con la Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo (FALFAA, Buenos Aires), que junto con la exposición contempla la donación de 15 obras originales y la producción de 219 copias únicas de objetos y series del artista que pasarán a formar parte de la colección del Museo. La muestra viajará después, entre 2021 y 2022, al Van Abbemuseum, Eindhoven y al Centre Pompidou, París.

Augusto (1871-1970), padre de León e italiano de nacimiento, fue arquitecto y pintor, e intervino en la construcción y reconstrucción de varias iglesias en Argentina. La exposición recoge también algunos de sus trabajos. Al ser interpelado si por su carácter laico había una contraposición entre él y su padre, León respondió: “Mi padre era arquitecto y pintor. No era un católico militante. No hay nada que ‘conciliar’, no hace falta. Él hizo su trabajo, yo hago el mío.”

En la presentación en Madrid la muestra se presenta en seis secciones: «La justicia y los juicios», «Laboratorio Ferrari», «Arqueología religiosa de la violencia», «Ideas para infiernos», «Desafiar la impunidad», y «Modos de hacer / Ferrari inmaterial». Como complemento se ha programado también un ciclo cinematográfico, con el título «Iconoclastia ilustrada».

La civilización occidental y cristiana (1965). Ensamblaje de avión de madera pintada y Cristo de Santería. Fundación Augusto y León Ferari Arte y Acervo.

El conjunto resulta de gran interés y permite una visión bastante completa del trabajo artístico, abierto y transgresor, de Ferrari. En él está una de sus obras más relevantes: La civilización occidental y cristiana, a la que luego me vuelvo a referir. También otra pieza de gran relieve: Juicio Final (1994), una obra sobre papel impreso con la reproducción del Juicio Final de Miguel Ángel con excrementos de aves en la superficie, y que es una de las obras donadas. Así como la instalación La Justicia (1992), que posteriormente Ferrari renombró como 1492-1992. Quinto centenario de la Conquista. E igualmente algunas esculturas de alambre, sutiles y de gran transparencia y dinamismo interior, o la escultura Hongo nuclear (2007), con un color rojizo, que con la imagen de la explosión de una bomba nuclear representa el Infierno en la Tierra.

Juicio Final (1994). Collage, Excrementos de palomas sobre reproducción del Juicio Final, de Miguel Ángel. Donación Museo Reina Sofía.

¿Cómo se desarrolló el trabajo de León Ferrari…? El primer factor determinante a tener en cuenta es la profunda relación entre su vida, sus experiencias vitales, y su obra. Entre 1938 y 1947 estudió Ingeniería. Se casó en 1946, y junto a quien fue su mujer a lo largo de toda su vida: Alicia Barros, tuvo tres hijos: María Alicia (conocida como Marialí), Pablo y Ariel. Cuando en 1952 su hija contrae una meningitis tuberculosa, el matrimonio se traslada a Florencia. La madre y la hija regresan a Buenos Aires en 1953. Pero León permanece en Italia, y allí se introduce en el ambiente artístico.

Sus inicios en el arte tienen que ver con su interés por la cerámica, y su despliegue en formas escultóricas. Pero pronto se abre también a otro tipo de soportes: esculturas realizadas con cemento, con escayola, con madera, y con alambres. Acuarelas, collages, motivos pictóricos intervenidos a partir de reproducciones, las escrituras o dibujos caligráficos, las heliografías (fotografías de positivo directo), las performances y escenificaciones.

Y posteriormente los soportes se diversifican aún más. En 1960 conoció a Rafael Alberti, y su interés por la poesía se hace más intenso. Desarrolla trabajos con aves vivas, utiliza utensilios domésticos, baratijas, objetos de santería, y plasma una dimensión musical en sus dibujos-partituras. En definitiva, León Ferrari es un artista transgresor, su objetivo es hacernos pensar a través de todos los signos y soportes de la representación. Y en el trasfondo de su trabajo puede advertirse un eco actualizado de los planteamientos dadaístas y surrealistas.

La espera (1994). Pintura sobre maniquí [Fragmento de "La Espera", de Jorge Luis Borges], 40 x 37 x 17 cm. Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo.

Un momento decisivo en su proceso creativo tiene lugar en 1965, cuando produce un collage escultórico en el que sobre la reproducción de un avión militar estadounidense, cargado con bombas, sitúa la figura de un Cristo crucificado. La obra es la antes mencionada La civilización occidental y cristiana, y su idea le vino por el impacto e intenso rechazo que le produjeron los bombardeos estadounidenses en Vietnam. Lo que así se inicia es un proceso crítico que asocia los sistemas modernos de dominación con los planteamientos de la religión cristiana.

Y hay otro hecho en su vida que marca también profundamente su trayectoria: en los inicios de la dictadura militar abandona Argentina con su familia el 11 de noviembre de 1976, y se establece en Sâo Paulo, Brasil. Pero su hijo Ariel, militante político, decide quedarse en Argentina. Dejó de escribirles en febrero de 1977. Una criminal desaparición, como tantas que se produjeron en aquel proceso. En septiembre de 1978 recibieron la noticia de que lo habían matado.

Sin título [de la serie Nunca más] (1995). Collage [Escuela de Mecánica de la Armada + detalle del Juicio Final, de Hans Memling. Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo. 

La familia se quedó en Brasil hasta 1991, cuando volvieron ya definitivamente a Buenos Aires. En su estancia en Brasil León Ferrari intensificó profundamente su trabajo artístico, y viajó a distintos lugares, lo que poco a poco le hizo ser más reconocido internacionalmente. En las últimas décadas su crítica al Cristianismo como “ejercicio de dominación” se convirtió en un rasgo dominante en sus obras.

Lo que León Ferrari despliega en ellas es todo un alegato en defensa de la civilización laica. Y así, según sus propias palabras sobre lo que él hacía, “si esto no es arte, lo cambiaría de nombre, lo llamaría política, crítica corrosiva, cualquier cosa”. En definitiva, arte. Pero arte comprometido ética y políticamente a través de las formas. Arte transgresor.


León Ferrari: La bondadosa crueldad. Comisariado: Fernanda Carvajal, Javier del Olmo, Andrea Wain, y equipo FALFAA. Museo Reina Sofía. Hasta el 12 de abril de 2021.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 18-24 de diciembre de 2020, pgs. 34-35. - Edición online, https://elcultural.com/leon-ferrari-arte-y-activismo