domingo, 23 de mayo de 2021

Exposición de Ricardo Calero en Zaragoza

 Escultor de palabras

Uno de los aspectos que más impresiona en el trabajo artístico de alcance es su capacidad para interrogar lo que nos rodea y no siempre vemos ni sentimos. La trayectoria de Ricardo Calero (Villanueva del Arzobispo, Jaén, 1955; aunque desde 1956 reside en Zaragoza) ha tenido y tiene en todo momento su núcleo en esa capacidad de interrogación. Ricardo Calero es escultor, pero como artista de nuestro tiempo su dinámica creativa se despliega en un proceso multimedia, que integra además de la obra de tres dimensiones el dibujo, el collage, la fotografía, el vídeo, las acciones documentadas, y las instalaciones.

Horadados - Más allá de la pared (1986-2011). Tríptico.
Fotografía, horadado y gofrado sobre papel [De la serie Acción de luna]

A todo ello podemos acceder en esta excelente muestra que recoge un conjunto de sus obras que va desde 1984 a 2019. La presentación no tiene un orden cronológico, sino que se articula poética y conceptualmente en siete estancias con los rótulos: Ausencias, Vacíos del silencio, Pulsiones de luz, Al alba, Sueños en el mar, Memoria del natural, y Pensar el sentir.

Lo que vamos viendo en el recorrido nos lleva desde fuera a dentro, de lo externo al interior de nuestra sensibilidad y nuestra mente. Los distintos soportes nos conducen a través de la materialidad, las palabras inscritas y el silencio. Nos desplazamos sintiendo aquello que nos falta: las ausencias, las palabras, la luz, el amanecer, los sueños acuáticos, la naturaleza viva y lo sensible.

De la siembra... (2005-2007). Fotografía de la acción, 50 x 40 x 1 cm. 
[De la serie Pensar el sentir].

Reflejos de la vida de hoy, en la que el ruido incesante y absorbente casi no deja espacio para la significación del sonido y el habla de lo sensible. Ricardo Calero nos lleva, haciendo pensar las imágenes, al contraste con una naturaleza devastada, o a esos flujos de migraciones humanas contenidos por fronteras no siempre visibles pero de una efectividad plena.

Sueños azules (2007-2008). Fotografía sobre lona, lágrimas de vidrio y anzuelos, 
de instalación escultórica, 360 x 260 x 30 cm. [Del proyecto Sueños en el mar].

Vemos las letras caídas en la tierra o en los suelos urbanos, sin capacidad para formar palabras. Los pasaportes sobrevolando el mar, yendo de una mano a otra, o plenamente deteriorados, así como el barco fragmentado, caído en un mar de letras, las mochilas y las maletas del viaje a ninguna parte. Y también las imágenes de flores, ramas y trozos de árbol caídos, así como las huellas vegetales que el curso del tiempo fija en los papeles. Todo ello, un flujo abierto, entre la memoria y el olvido. Y no faltan las imágenes de las sillas, que son para Ricardo Calero símbolos del diálogo: situándonos en ellas podemos oír y hablar, intercambiar palabras vivas.

Construcción del diálogo (2013-2019). Imagen de vídeo, de instalación con sillas 
de hierro, bronce y madera. Medidas variables [De la serie Espacios del sentir].

En todo ese recorrido por sus obras es obvio el eco de Las ensoñaciones del paseante solitario, de Jean-Jacques Rousseau, en las que se modula un andar a solas en la naturaleza que permite establecer un diálogo con ella. Y también el del paseante en la ciudad sin rumbo fijo, el flâneur de Charles Baudelaire, quien puede ver ante sus ojos lo maravilloso allí donde los que van apresurados no son capaces de ver nada. Un trasfondo que nos conduce a la filosofía, como el propio Calero reconoce, escuchando así también en sus obras ecos de El ser y la nada, de Jean-Paul Sartre.

Pero, eso sí: lo que queda claro al final, en síntesis, es que Ricardo Calero es un escultor. Pero un escultor bastante especial, pues lo que hace es identificar las palabras que dan sentido, ya que según considera todo escultor analiza las formas, y la palabra es la primera forma de expresión. De eso se trata: de dar forma a las palabras, de rescatar sus formas del silencio para hacerlas pasar a nuestra sensibilidad y nuestra mente. Ricardo Calero, escultor de palabras.

 

* Ricardo Calero: espacios del sentir. Comisariado: Rosina Gómez-Baeza y Lucía Ybarra. La Lonja, Zaragoza. Del 7 de mayo al 4 de julio de 2021.

lunes, 17 de mayo de 2021

Exposición en CaixaForum, Madrid

 

   Somos cuerpos

Estamos ante un acontecimiento muy especial. En él se reúne un conjunto de piezas muy diversas, en una proyección de siglos, y provenientes de los cinco continentes del planeta, que nos muestran la importancia central de la representación del cuerpo para plasmar los múltiples sentidos de la humanidad. Con el comisariado de Brendan Moore, conservador del Departamento de Exposiciones Internacionales del British Museum, se presentan 145 piezas de los fondos de esa institución, junto a 7 obras de la colección de la Fundación “la Caixa”, una instalación del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, y una instalación interactiva del artista Rafael Lozano-Hemmer: Asamblea registrada, que capta en su pantalla las imágenes de aquellos que se sitúan frente a ella, imágenes que se van superponiendo y después desaparecen.

Rafael Lozano Hemmer: Asamblea registrada
Ordenador, pantalla, cámara, software personalizado. Dimensiones variables.

El planteamiento se articula en cinco secciones: Belleza ideal, La expresión de la personalidad, El cuerpo divino, La encarnación del poder, y El cuerpo transformado. Con ellas se transmiten las referencias que diversifican las representaciones de lo humano: lo bello contrapuesto a lo real, la individualidad de las personas, lo divino con registros de humanidad más allá de lo humano, las figuraciones de los poderes políticos, las representaciones de traumas, las figuras funerarias, y las transformaciones contemporáneas de las representaciones corporales.

Los soportes de las piezas son variadísimos: las esculturas, las piezas en relieve, las tallas en madera, los retratos de moneda romanos, las medallas con rostros, dialogan con los formatos y soportes artísticos, desde los tradicionales hasta los de ahora mismo. Entre todas ellas hay un flujo continuo de interrelaciones, porque lo que vamos viendo son los distintos registros, en la variedad de ámbitos etnológicos y situaciones históricas, con los que las representaciones corporales activan nuestra forma de ser y estar en el mundo.

Eso sí, somos ante todo cuerpos, cuerpos cambiantes por las distintas articulaciones simbólicas y culturales en las que se despliegan las vidas humanas. Cuerpos que viven en la metamorfosis de los giros de las culturas y de las épocas. Cuerpos y tiempos.

En forma de pregunta: “¿El retrato más antiguo de la historia?”, se presenta la pieza con más años de la muestra, el Cráneo humano modelado, un cráneo humano real, intervenido con yeso y concha, y datado nada menos que hacia el 8.200-7.500 antes de Cristo. Impresiona profundamente esa imagen residual de una cabeza humana, que nos da un retrato directo de nuestro soporte óseo permanente en el curso del tiempo durante el espacio temporal de una vida humana concreta.

Cráneo humano modelado. Tell-es Sultan (antigua Jericó). C. 8.200-7.500 a. C. 
Hueso humano, yeso, concha, 20,3 cm. alt. British Museum, Londres.

Y el contraste que se establece entre ese cráneo y el vídeo del artista colombiano Óscar Muñoz Re/trato (2003-2004) interroga en profundidad nuestros sentidos de la existencia. En el vídeo vemos una mano que dibuja continuamente un rostro humano que una vez y otra se borra: no hay forma de terminar el re/trato, ¿por qué...? Óscar Muñoz utiliza como soporte una losa calentada por el sol y pinta sobre ella con un pincel mojado en agua. Pero luego el calor de la piedra hace desaparecer el rostro. Una obra de gran densidad artística que establece un ejercicio de comparación con la desaparición de las identidades humanas producida por la falta o la pérdida de la memoria, y por el paso del tiempo.

Óscar Muñoz: Re/trato (2003-2004). Vídeo monocanal, color, sin sonido, 28 min. 
Dimensiones variables. Colección la Caixa Arte Contemporáneo, Barcelona.

Particularmente relevante, como algo que nos interroga desde nuestro presente, es la obra fotográfica de la artista yemení Boushra Almutakawel Madre, hija y muñeca (2010), compuesta por nueve imágenes en las que las tres imágenes (de ella misma, de su hija, y de una muñeca) van siendo progresivamente cubiertas por pañuelos y velos, hasta que acaban desapareciendo plenamente en la oscuridad del negro que sirve de fondo desde la primera imagen. Lo que vemos: un proceso de ocultación de la identidad femenina.

Boushra Almutakawel: Madre, hija y muñeca (2010). 
Copias fotográficas, 60 x 40 cm. British Museum, Londres.

La línea de articulación en esa amplísima y densa diversidad de representaciones corporales es el retrato humano, núcleo expresivo de todas las piezas. En este punto es interesante retrotraerse a la genealogía de la palabra retrato, proveniente de la palabra latina «retractus», que significa alejado o retraído, y que asocia su sentido a sacar algo de nuevo, a hacerlo revivir.

Vamos así pasando ante una gran diversidad de imágenes de cuerpos, de retratos de la humanidad, que van desde las etapas más remotas de la Prehistoria hasta ahora mismo, desde figuras utilizadas en prácticas ceremoniales, en ámbitos religiosos, o en articulación con la política y los medios de comunicación social, a propuestas que despliega el arte a través de sus siglos de existencia. Una mirada crítica nos debe llevar a diferenciar las imágenes artísticas de las no artísticas. Pues los retratos de la humanidad tienen una existencia en el tiempo más larga que la del arte, que en un sentido propio es un descubrimiento cultural, un proceso que se abre en la Grecia clásica cuando a partir del s. VI a. C. comienza a darse un sentido plenamente positivo a lo que entonces se llamó «mímesis artística», la producción autónoma de imágenes.

La obra más relevante en la muestra de aquel momento histórico es una estatua de Eros, copia romana de un original griego (c. 360-330 a. C.) que se sitúa en la Acrópolis de Atenas. La estatua está profundamente dañada: sin cabeza, con los dos brazos y el órgano sexual cortados, así como con desperfectos en el pecho y en el estómago. Se dice que todo ello pudiera deberse a las agresiones de los primeros cristianos, en oposición intensa a las creencias y representaciones religiosas de la Antigüedad clásica.

Estatua de Eros de la Acrópolis de Atenas. Adaptación romana de un original 
griego de c. 360-330 a. C. Mármol, 142 cm. alt. British Museum, Londres.

En conclusión, el punto al que llegamos es que, más allá del fondo biológico común a toda la especie, lo que llamamos «naturaleza humana» suele desplegarse habitualmente en proyectos concretos, culturales, sociales o políticos, no siempre suficientemente explícitos, de articulación de la vida. Los retratos de la humanidad, las imágenes del hombre así producidas estéticamente, articulando tanto las dimensiones conceptuales como las sensibles, fijan nuestros criterios de la vida, dónde nos situamos. Imágenes de la humanidad: retratos de cuerpos humanos investidos de sentidos de permanencia. 


La imagen humana. Arte, identidades y simbolismo. Comisario: Brendan Moore. CaixaForum, Madrid. Del 28 de abril al 16 de enero de 2022.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 14-20 de mayo, pgs. 36-37. Edición online, https://elcultural.com/somos-cuerpos

 

martes, 30 de marzo de 2021

Antoni Muntadas en el Museo de Bellas Artes de Bilbao

Ciudad y tiempo

Tras dos años de intenso trabajo, Antoni Muntadas (Barcelona, 1942) presenta lo que él denomina un «proyecto», y no una exposición. En él reconstruye el devenir histórico del urbanismo de Bilbao, siguiendo como línea de articulación el recorrido de la ría del Nervión y las distintas intervenciones arquitectónicas que se han ido sucediendo en la ciudad. El título del proyecto: «La ciudad vacía», alude a cómo esas intervenciones, con su carácter monumental, habrían ido ocasionando el vaciamiento de la urbe. Una cuestión que alcanza un eco profundo con las experiencias de la pandemia y el confinamiento que hemos vivido en los últimos tiempos.

El trabajo artístico de Muntadas tiene un interés y alcance conceptual muy profundos, en él ha ido integrando siempre la indagación sobre el lenguaje, sus usos sociales, y sus dimensiones políticas. En esta ocasión, todo ello se sintetiza con su atención a la arquitectura, que ha constituido un núcleo central de sus actividades como profesor en el Departamento de Arquitectura del Instituto de Tecnología de Massachuseetts (MIT) entre 1990 y 2014, así como en el Instituto Universitario de Arquitectura del Véneto, en Venecia, desde 2004.

Muntadas sitúa como núcleo de este proyecto multidisciplinar una serie de propuestas, iniciada en 1995, que lleva como título «On Translation» («Sobre la Traducción»), y que según aclara «hace referencia no a la traducción palabra a palabra, sino a la traducción cultural.» En esa línea, el proyecto «La ciudad vacía» se despliega en tres secciones y un complemento, aunque ya en la sala de entrada a los espacios destinados a su presentación encontramos dos baldas con catálogos anteriores de diversas propuestas de Muntadas, lo que resalta la línea de continuidad de lo que podemos ver, leer y oír ahora.

El complemento, que Muntadas caracteriza como una serie de anotaciones audio-visuales «a pie de página», tiene el carácter de un «preámbulo» de la investigación sobre Bilbao. Aquí encontramos tres vídeos anteriores: Dérive Veneziane (2015), Guadiana (2017) y Finisterre (2017), que alcanzaron un importante eco en sus proyecciones públicas y que nos llevan a otras confluencias de aguas y ciudades. Los signos de la escritura se confrontan con las imágenes visuales, pues en los bancos pintados de blanco dispuestos para sentarse a ver los vídeos encontramos inscritas, con un color negro intenso, las palabras TRANSITAR, TRANSFORMAR y TRANSCURRIR.

«Vacuum / Plenum»

La primera sección tiene como título «Vacuum / Plenum», palabras en latín que contraponen «Lo vacío y Lo lleno». Esa contraposición se articula en dos caras contrapuestas de una pantalla. En una van pasando en loop imágenes en blanco y negro de la ciudad, tomadas con cámara fija. En ellas vemos el despliegue de las aguas del núcleo acuático: la ría, de la ciudad de Bilbao. Todo ello, en silencio. Y en el banco para sentarse encontramos la inscripción TRADUCIR.

                                             «Vacuum / Plenum»                                             

En la otra, las imágenes en color nos llevan a la ciudad habitada, con sus construcciones arquitectónicas en torno a la ría, con gente que va y viene. En los muros hay una serie de citas de Walter Benjamin (extraídas de su Obra de los Pasajes, y en concreto del capítulo París, capital del siglo XIX). Entre ellas, por su relación directa con el proyecto de Muntadas, me parece importante destacar las siguientes: «El sentimiento de pertenencia a una ciudad va siempre unido por sus habitantes… / […] creando así un vacío antes de que apareciera el siguiente / […] nunca nos es posible recordar por completo lo que hemos olvidado […]». En el banco para sentarse a ver está la inscripción TRANSMITIR.

«Vacuum / Plenum»

Y es importante tener en cuenta que hay una entera sincronía entre las dos proyecciones, en las que se ven los mismos espacios, pero eso sí: en momentos diferentes del tiempo en la ciudad.

La segunda sección: «On Translation: La Ría», tiene como punto de partida el cuadro de Darío de Regoyos (1857-1913) La ría de Bilbao (c. 1910), que se confronta con la visión de la ría que transmite Google Earth. En este caso, se contraponen dos grabaciones sobre la ría que podemos oír. Una es la de la audioguía de la ciudad, con su carácter pretendidamente «oficial», mientras que la otra, del escritor Iñaki Uriarte, transmite una visión crítica de cómo se ha ido interviniendo arquitectónicamente en Bilbao en las últimas décadas.

En la tercera sección: «Suntsiketa / Eraikuntza», palabras en euskera que significan «Destrucción / Construcción», vemos un conjunto de fotos fijas de obras, edificios, pandemias e inundaciones, en blanco y negro y en color, viradas en negativo, con lo que se les pretende dar «un sentido fantasmal». En el banco en blanco para sentarse está la inscripción TRANSGREDIR, y además se puede también oír una grabación de unos «bertsolaris», en vasco improvisadores populares de versos.

«Suntsiketa / Eraikuntza» [«Destrucción / Construcción»]

Un signo central del proyecto de Muntadas es la repetición del prefijo TRANS en las inscripciones de los bancos, con las que según él indica nos lleva al origen del proyecto en su «On Translation», y con los sentidos de «a través» y «transmitir», pues con ello se quiere suscitar «participación» en aquellos con los que comparte sus proyectos. Lo que intenta es desencadenar un proceso que implica un paso de mirar a ver y percibir.

En definitiva, este profundo y excelente proyecto nos lleva, a través de la visión y percepción del flujo acuático y arquitectónico de Bilbao, a una consideración del carácter dinámico, fluido, tanto de las aguas como de las ciudades, puestas en espejo: ciudad y tiempo.

 

Muntadas. La ciudad vacía. Comisaria: Guadalupe Echevarría. Museo de Bellas Artes, Bilbao. Del 19 de marzo al 5 de septiembre de 2021.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 26 de marzo -1 de abril de 2021, pgs. 26-27. Edición online, https://elcultural.com/muntadas-ciudad-y-tiempo

jueves, 25 de marzo de 2021

Libro BERLÍN Y EL ARTISTA

 Paseante en el tiempo

La editorial Siruela, que ha ido publicando en español la mayor parte de los textos del escritor suizo Robert Walser (1878-1956), nos trae ahora un nuevo volumen de gran interés y proyección. Autor de tres relevantes novelas publicadas en los inicios del siglo XX: Los hermanos Tanner (1907), El ayudante (1908), y Jakob von Gunten (1909), fue abriendo su escritura hacia el ámbito de los textos breves, en prosa, la mayor parte de los cuales aparecieron en publicaciones periódicas. Su último libro publicado en vida: La rosa (1925), de una profundidad admirable, pertenece a ese género.

La trayectoria literaria de Robert Walser, que nació en la ciudad bilingüe de Biel, tiene sus inicios en torno a sus veinte años, cuando comienza a publicar en periódicos y revistas, y a viajar y pasar temporadas en diversas ciudades alemanas y suizas. Después, sería decisivo el periodo que vivió en Berlín, entre 1905 y 1912. Posteriormente, regresó a Suiza, viviendo de nuevo en Biel entre 1913 y 1921, y luego en Berna entre 1921 y 1933. Ese año, aquejado por una profunda enfermedad mental fue internado en una clínica psiquiátrica en la ciudad de Herisau, donde pasaría sus últimos veintitrés años de vida. Fue entonces, a partir de 1933, cuando tomó la decisión de no escribir más, pues según manifestó la escritura es incompatible con la falta de libertad. Fallecería, de un ataque al corazón, el día de Navidad de 1956.

Poco a poco, la recuperación de sus obras y la publicación de sus textos breves en diversas compilaciones y antologías acabarían convirtiendo a Robert Walser en uno de los escritores más relevantes del siglo veinte en lengua alemana. Fue muy apreciado, entre otros, por Franz Kafka, Robert Musil, Elias Canetti, o Thomas Bernhard. Y Walter Benjamin escribió sobre él, en 1929, un hermoso y profundo texto en el que tras subrayar que su estilo se caracteriza por un asilvestramiento del lenguaje que resulta fascinante y por un específico dejarse llevar, nos dice que lo que Walser consigue así es trasladarnos intensamente cómo viven los personajes de los que habla.


Se trata de algo decisivo, porque leer a Walser es respirar, a través del lenguaje, el aroma de la vida. El libro que ahora se publica en español, con una excelente traducción, recoge una serie de prosas breves, de textos diversos, escritos entre 1899 y 1928, y ordenados cronológicamente. Hay que decir, en todo caso, que el título elegido: Berlín y el artista, que es el de uno de los textos seleccionados, puede inducir a equívoco, pues el conjunto de prosas no se refiere a esa cuestión. De hecho, el título de la edición original en alemán: Una bofetada y otras cosas, que coincide también con el de otro de los textos seleccionados, es diferente, y alude de forma directa al carácter abierto y disperso de las prosas. En su edición original, los textos han sido seleccionados y reunidos por uno de los artistas plásticos actuales más relevantes: el también suizo Thomas Hirschhorn, junto con el escritor Reto Sorg.

En su breve texto de introducción, Hirschhorn indica que en la escritura de Walser “lo único esencial es el texto”. Y, efectivamente, ese es el punto de partida en la lectura de un conjunto de prosas diversas que nos llevan de un lado a otro, pero siempre trazando el vuelo de un espejo entre la vida y lo que las palabras dicen. Eso sí, hay una pauta de estilo firme: la escritura en primera persona, que abre continuamente los espacios de la interrogación y la duda desde el interior del texto. Y así, cuando leemos es en todo momento como estar pensando de forma abierta, comunicando directamente con una voz que nos habla.

Con una temática tan variada y diversa, los textos de Walser reunidos en libro nos muestran la gran coherencia de su escritura. Con él viajamos en el tiempo. Recorremos sus itinerarios con mujeres y hombres. En la naturaleza: las montañas, los estanques, la nieve... Y en la vida cotidiana de las ciudades de entonces: los tranvías, los bares, los restaurantes, las calles, los teatros, el cine... No se pierdan este libro intenso y profundo. En él, como señala el propio Robert Walser: “Lo que se busca es el retrato de algo vivido en un sueño.” (pg. 313).  

 

* Robert Walser: Berlín y el artista. Traducción de Isabel García Adánez. Siruela, Madrid, 2021. 346 pgs.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 19-25 de marzo de 2021, pg. 24. Edición online, https: https://elcultural.com/robert-walser-y-el-aroma-de-la-vida 

martes, 16 de marzo de 2021

Exposición en el Patio Herreriano, Valladolid

La vitalidad de la pintura

Uno de los tópicos más vacíos y carentes de sentido es el que habla de la muerte o desaparición de la pintura como género artístico por los avances y desarrollos de la técnica en el proceso de producción de formas e imágenes. Desde la segunda mitad del siglo veinte hasta la actualidad es algo que se viene repitiendo, una vez y otra, a pesar de su inconsistencia. Porque a partir de la configuración de la «mímesis»: en sentido preciso «representación sensible» (aunque reducida siglos después a imitación), que implica el descubrimiento cultural de lo que seguimos llamando «arte», se fue desplegando un sentido específico de práctica artística: la pintura, a través de la producción de formas visuales y colores que abren un horizonte intenso de sentidos diversos. Cambian los soportes y los procedimientos, pero la pintura sigue viva.

Y de ello nos habla esta densa y relevante exposición, en la que se presentan obras diversas de 56 artistas, con las que se quiere trazar un mapa del desarrollo y presencia vital de la pintura en España desde los años setenta del siglo pasado hasta la actualidad. Queda fuera la década de los ochenta, que aunque algunos consideran el periodo de mayor esplendor de la pintura española contemporánea, Mariano Navarro piensa que se trata sobre todo de una fase de gran impacto económico y comercial.


Nacho Criado: Homenaje a Rothko I (1970-1999).
Técnica mixta, acrílico y cartón, 107 x 77 cm. Colección particular. 

El proyecto ahora planteado subraya dos tendencias en la pintura española contemporánea. En primer lugar, la que se sitúa en la década de los setenta, “inscrita en el tardofranquismo”, que despliega un proceso de investigación sobre el arte conceptual, y que lleva a una “indistinción” progresiva entre abstracción y figuración. Y posteriormente, ya a finales de los noventa y a comienzos del siglo en el que ahora estamos, la que abre “un nuevo impulso de la pintura”. Es algo que conoce a fondo Mariano Navarro, quien lleva bastantes décadas analizando, y trabajando crítica y teóricamente sobre la cuestión.

 La muestra, con un excelente montaje y un estimulante diálogo entre las obras y los espacios en los que se presentan, se articula en cinco secciones básicas, más un espacio/taller complementario, y tres intervenciones en ámbitos distintos del Museo.

Joan Hernández Pijuan: Un lloc conegut-2 (2004).
Óleo sobre lienzo, 162 x 290 cm. Museo Patio Herreriano.

Estas intervenciones son intensamente significativas, porque nos muestran directamente hasta qué punto la pintura no puede reducirse sin más al formato tradicional del cuadro. Ignasi Aballí oscurece con sombras pictóricas los cristales del claustro de la planta baja. En una de sus dos intervenciones, Carlos Maciá impregna con masas de distintos colores: verde, negro, azul, rojo y naranja, los vidrios de las grandes ventanas de una de las secciones del Museo, que pueden verse así tanto desde dentro como desde fuera del mismo. Y también Maciá interviene con líneas de trazados que acompañan dos cuadros de gran formato, de 1980, de Soledad Sevilla (reciente Premio Velázquez), cuya obra está también presente ahora en el Museo, fuera de esta exposición, con una deslumbrante instalación realizada con hilos de algodón y una sala de síntesis de su manera de pintar. 

Situadas en distintas salas del Museo, encontramos las cinco secciones que conceptualmente agrupan las más de ochenta obras que se presentan en la muestra. En la Sala 3, centrada en “la pintura expandida”, encontramos un conjunto de obras que exceden los límites del lienzo tradicional, la pintura se expande en formas y soportes escultóricos. Obras recientes, de artistas en su mayoría jóvenes, pero donde también están tres grandes obras pictóricas tridimensionales de Mitsuo Miura, que parecen estar volando en las paredes.

Irma Álvarez-Laviada: Lo necesario y lo posible II (2015).
Pintura industrial sobre material de embalaje y barras de hierro, 278 x 215 cm. 
Cortesía de la artista y Galería Luis Adelantado, Valencia.

La Sala 4 nos lleva a “la pintura desmaterializada”, que tendría su inicio en el despliegue del arte conceptual, y en la que se desplazaría la materia para llevar la propia pintura y sus materiales a la reflexión. Aquí están, entre otras, ya desde 1970, las obras de Nacho Criado, Ignasi Aballí, Miquel Mont e Irma Álvarez-Laviada. La Sala 6 está dedicada a “la pintura fluida”, protagonizada por artistas que desarrollan un ejercicio continuo de reflexión en torno a la abstracción. Entre otras, con piezas de Joan Hernández Pijuan, Carlos León, Sabine Finkenauer y Elvira Amor.

La amplísima Sala 7 reúne obras que responderían a una “figuración narrativa”, entendida como crítica y despliegue de una figuración que narra sin contar historias. Con piezas de Ángeles Agrela, Carlos Franco, Patricia Gadea, Juan Ugalde, y José Miguel Pereñíguez... La Sala 8 se centra en la “figuración a-representativa”, entendida en el sentido de una marcada ambigüedad iconográfica y en la ausencia de la necesidad de contar. Y aquí están, entre otros, Luis Gordillo, Miki Leal, y Abraham Lacalle. Y todo este intenso conjunto se completa, en la Sala 5, con lo que se denomina “el taller de pensar”, que recoge materiales que muestran el proceso de investigación y desarrollo de algunas de las obras presentes en la exposición.

Elvira Amor: Sin título EA 20.6 (2020).
Acrílico sobre lienzo, 150 x 200 cm. Cortesía de la artista.

Frente a la uniformidad repetitiva y reduccionista de las imágenes hipermediáticas que nos rodean y asedian en la actualidad, esta magnífica exposición, en su significativa amplitud y diversidad, nos muestra el aliento de singularidad al que nos lleva siempre la pintura cuando alcanza un grado de altura. Nuestros ojos permanecen abiertos en la interrogación de los sentidos y ámbitos de la experiencia. La pintura nos da vida.

 


Pintura: renovación permanente. Comisario: Mariano Navarro. Patio Herreriano, Valladolid. Del 6 de marzo al 29 de agosto de 2021.

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 12-18 de marzo de 2021, pgs. 24-25. Edición online, https://elcultural.com/la-vitalidad-de-la-pintura

domingo, 21 de febrero de 2021

Exposición de Carlos León: "Fracturas"

Los colores hablan

En estos tiempos complejos, de pandemia y borrascas, la pintura artística sigue actuando como un espejo de vida. Eso es lo que podemos encontrar en esta incitante exposición de Carlos León (Ceuta, 1948), que se presenta con una excelente organización y montaje, algo que nos permite pasear con la mirada y llegar a ver la profundidad de lo que sus obras nos dicen. Porque las obras de Carlos León constituyen un lenguaje expresivo, ya que sus colores hablan, nos llevan a las resonancias del mundo interior, a los ecos de la sensibilidad, y a la iluminación de lo inconsciente.

Hafrica cenere (2021). Acrílico sobre madera, 250 x 200 cm.

Desde que en 1966 se inició en la pintura, Carlos León ha ido siguiendo un firme itinerario. Artista viajero, mantuvo largas estancias en París y en Nueva York que fueron decisivas para su síntesis de las raíces hispánicas y las modulaciones internacionales del arte. En mi opinión, es uno de los artistas más relevantes de nuestro tiempo.

Fracturas, título de la muestra, que alude al proceso de ruptura de los cuerpos y a la vez a la apertura continua de nuevos soportes y vías de expresión, nos lleva al momento actual de su actividad, en estos tiempos de confinamiento que con toda su negatividad favorecen sin embargo la visión más íntima de las cosas. El aspecto determinante en Fracturas tiene que ver con la reciente utilización como soporte pictórico de la madera, algo nuevamente empleado desde hace poco tiempo en el trabajo de Carlos León, aunque significativamente en la exposición está presente un cuadro datado en 1996 y que lleva como título El antiguo.

Derrames (2020). Acrílico sobre madera, 122 x 92,5 cm.

En lugar de «abstracción», si queremos ser precisos, siempre he considerado más adecuado hablar de «no figuración», en referencia a la pintura cuyas formas no son figuras pero tienen una importante significación estética. Y ello, para que quede completamente claro, porque en mi opinión en el buen arte figurativo siempre hay abstracción. Y no hay mejor ejemplo de esta cuestión que Las meninas, de Velázquez.

En Fracturas se presentan 60 obras, 45 pinturas (piezas únicas o series) y 15 ensamblajes de objetos materiales diversos, objetos encontrados e intervenidos. Todo ello nos habla de la vibración interior que desencadena el proceso creativo de Carlos León.  

Los ensamblajes se articulan fundamentalmente a partir de objetos desechados e inservibles para su función primaria. Sobre ellos Carlos León desarrolla un giro estético, despojándolos de toda funcionalidad, y haciéndolos dialogar con la pintura, el sonido y la escritura. Y así lo decisivo en estas piezas es también el juego de transparencias y superposiciones tan característico de su trabajo.

Las pinturas tienen una calidad excepcional: el óleo o el acrílico fluyen sobre la madera o el dibond, soportes que contribuyen a dar un relieve casi corporal a los signos pictóricos, a los colores. Es un lenguaje que se desarrolla en todo momento construyendo una articulación plural. A través de la gradación, la difuminación, y la expansión de las masas de colores, vemos cómo estos hablan entre sí. No hay colores solitarios o aislados.

Y en lo que vemos podemos apreciar un juego de contrastes entre la naturaleza y la interioridad humana, que constituye un rasgo central de la pintura de Carlos León. Sus obras nos llevan al ensueño de la naturaleza primordial, al eco del jardín, del estanque, de los meteoros, del agua que fluye y da vida.

Los meteoros (2019). Óleo sobre dibond, 200 x 275 cm. 

La evocación de la interioridad tiene que ver con la importancia de los títulos, en ningún caso descriptivos, y no pocos de ellos en latín. Siempre ha habido en los títulos de sus obras, referencias, explícitas o implícitas e interiores, al mundo clásico: Grecia, Roma... De este modo, el juego pictórico de las formas alcanza una resonancia poética y textual: cuando miramos los cuadros no nos quedamos en lo inmediato, sino que vemos más allá, llegamos a un ámbito más profundo de interrogación y de sentido. Y es que la poesía, la literatura, y los textos filosóficos están en la raíz de sus obras desde los inicios de su trayectoria. Sin olvidar otro aspecto decisivo: la música. Todo se despliega en un conjunto de vibraciones en el que los colores siguen un ritmo, se mueven y desplazan articulando un eco de sonidos en las formas no figurativas.

En 2018, en una conversación con Óscar Curieses, Carlos León indicaba: “La lectura en general, y más aún la lectura de poesía, suele tener efectos concretos sobre mi trabajo. A menudo es una sesión de lectura la que desencadena el deseo de ponerme a pintar o a manipular objetos tridimensionales. El proceso es siempre dual: intuitivo, irracional y casi inconsciente, por una parte, y reflexivo, medido y conceptualmente estructurado, por otra.” Dentro y fuera se comunican, lo interior íntimo y la construcción del concepto fluyen y vuelan en los colores.

Serie El nombre de los meses, nº 6 (2016). Óleo sobre dibond, 250 x 150 cm.

Todo ello implica un juego de espejos entre lo inconsciente y la objetividad compartida a través del concepto. En términos freudianos, del ello al yo y al superyó, podríamos también decir, y es que un dato que resulta significativo es que Carlos León siguió sesiones de psicoanálisis durante cinco años.

Su pintura es un ir y venir en el que los colores nos hablan de lo que se va y de lo que permanece. En Fracturas podemos ver la serie de doce cuadros El nombre de los meses (2016), en los que con un juego de diversas oscuridades y brillos apreciamos un ir y venir que se repite a lo largo de las estaciones, en un despliegue en espiral del calendario.

Festina lente (2019). Acrílico sobre madera, 250 x 200 cm.

Y particularmente expresiva para comprender el ir y venir de la vida es Festina lente (2019), una frase supuestamente usada por el emperador romano Octavio Augusto a partir de un oxímoron en griego, y que significa “apresúrate lentamente”. Carlos León: los colores que hablan profundamente despacio nos muestran la velocidad, el vuelo de la vida.  

 

Carlos León: Fracturas. Comisario: Fernando Castro Flórez. DA2, Salamanca. Del 29 de enero al 40 de mayo de 2021 [esta última fecha no es un error: es un juego de lenguaje, que han decidido expresar los organizadores para sugerir que la exposición NO CIERRA, QUE ESTÁ ABIERTA EN EL TIEMPO...].

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 19-25 de febrero de 2021, pgs. 28-29. Edición online, https:elcultural.com/carlos-leon-los-colores-hablan


viernes, 19 de febrero de 2021

Publicación en los ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

En su excelente boletín ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA, han tenido la amabilidad de acoger mis notas "PALABRAS EN EL CONFINAMIENTO", lo que comparto ahora con todos vosotros.

El boletín es un gran interés, y quiero agradecer al Director del Museo: Fernando Sáez y a todos los que con él trabajan, su magnífico conjunto de actividades en un Museo de tanta importancia.




lunes, 25 de enero de 2021

Entrevista sobre mi libro «Crítica del mundo imagen»

 LA ROSA DE LOS VIENTOS ondacero.es Madrid|24.01.2021 

La Cara B: El "poder" de la imagen

Cuando miramos la portada de un periódico, ya no nos fijamos en el titular sino en la foto que lo acompaña. El mundo ya no se lee, se ve y vemos cosas muy buenas, pero a veces el mundo imagen hace que las palabras se pierdan. Buscando informaciones sobre la imagen, hablamos con el filósofo José Jiménez, que acaba de publicar el libro 'Crítica del mundo imagen'.

Play 15:09

https://www.ondacero.es/programas/la-rosa-de-los-vientos/audios-podcast/cara-b/cara-poder-imagen_20210124600db954461e9900014f03db.html

Vivimos en un mundo de usar y tirar en el que la imagen es rápida, lo que está provocando que el mundo sea inmaterial, que cada vez se escriba menos, se potencie menos la novela y se diga más aquello de '¿lo has visto?'.

El mundo se ha vuelto tan infantil como visual, en el que dos palabras ya son mucho. Pero a veces, nos hacen falta palabras para describir imágenes, y por ello, hablamos con el Doctor en Filosofía y Catedrático de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, José Jiménez.

Jiménez no cree eso de que una imagen valga más que mil palabras, pero reconoce que es verdad que las imágenes "son de una densidad y una importancia notable", aunque igualmente lo son las palabras: "Lo interesante es ver los ámbitos del sentido de significación tanto de las imágenes como de las palabras".

Asegura que el término "mundo de la imagen" se convirtió en un tópico hace años y que "realmente lo que ha habido es un predominio de una forma de escenificación de la vida convertida en imagen".

Asimismo, explica que en su libro plantea que ha existido un proceso llamado genealogía, por el cual el proceso de producción de las imágenes se ha diversificado a través del impacto y la expansión de la técnica.

"Con ello y con el paso del tiempo fueron apareciendo técnicas importantes de producción de imágenes -diseño, publicidad y los medios- que hoy día están confluyentes en los soportes digitales con los que vivimos. Creo que todo esto ha dado lugar a una situación en la que la imagen, como escenificación, predomina extensísimamente", afirma.