domingo, 21 de febrero de 2021

Exposición de Carlos León: "Fracturas"

Los colores hablan

En estos tiempos complejos, de pandemia y borrascas, la pintura artística sigue actuando como un espejo de vida. Eso es lo que podemos encontrar en esta incitante exposición de Carlos León (Ceuta, 1948), que se presenta con una excelente organización y montaje, algo que nos permite pasear con la mirada y llegar a ver la profundidad de lo que sus obras nos dicen. Porque las obras de Carlos León constituyen un lenguaje expresivo, ya que sus colores hablan, nos llevan a las resonancias del mundo interior, a los ecos de la sensibilidad, y a la iluminación de lo inconsciente.

Hafrica cenere (2021). Acrílico sobre madera, 250 x 200 cm.

Desde que en 1966 se inició en la pintura, Carlos León ha ido siguiendo un firme itinerario. Artista viajero, mantuvo largas estancias en París y en Nueva York que fueron decisivas para su síntesis de las raíces hispánicas y las modulaciones internacionales del arte. En mi opinión, es uno de los artistas más relevantes de nuestro tiempo.

Fracturas, título de la muestra, que alude al proceso de ruptura de los cuerpos y a la vez a la apertura continua de nuevos soportes y vías de expresión, nos lleva al momento actual de su actividad, en estos tiempos de confinamiento que con toda su negatividad favorecen sin embargo la visión más íntima de las cosas. El aspecto determinante en Fracturas tiene que ver con la reciente utilización como soporte pictórico de la madera, algo nuevamente empleado desde hace poco tiempo en el trabajo de Carlos León, aunque significativamente en la exposición está presente un cuadro datado en 1996 y que lleva como título El antiguo.

Derrames (2020). Acrílico sobre madera, 122 x 92,5 cm.

En lugar de «abstracción», si queremos ser precisos, siempre he considerado más adecuado hablar de «no figuración», en referencia a la pintura cuyas formas no son figuras pero tienen una importante significación estética. Y ello, para que quede completamente claro, porque en mi opinión en el buen arte figurativo siempre hay abstracción. Y no hay mejor ejemplo de esta cuestión que Las meninas, de Velázquez.

En Fracturas se presentan 60 obras, 45 pinturas (piezas únicas o series) y 15 ensamblajes de objetos materiales diversos, objetos encontrados e intervenidos. Todo ello nos habla de la vibración interior que desencadena el proceso creativo de Carlos León.  

Los ensamblajes se articulan fundamentalmente a partir de objetos desechados e inservibles para su función primaria. Sobre ellos Carlos León desarrolla un giro estético, despojándolos de toda funcionalidad, y haciéndolos dialogar con la pintura, el sonido y la escritura. Y así lo decisivo en estas piezas es también el juego de transparencias y superposiciones tan característico de su trabajo.

Las pinturas tienen una calidad excepcional: el óleo o el acrílico fluyen sobre la madera o el dibond, soportes que contribuyen a dar un relieve casi corporal a los signos pictóricos, a los colores. Es un lenguaje que se desarrolla en todo momento construyendo una articulación plural. A través de la gradación, la difuminación, y la expansión de las masas de colores, vemos cómo estos hablan entre sí. No hay colores solitarios o aislados.

Y en lo que vemos podemos apreciar un juego de contrastes entre la naturaleza y la interioridad humana, que constituye un rasgo central de la pintura de Carlos León. Sus obras nos llevan al ensueño de la naturaleza primordial, al eco del jardín, del estanque, de los meteoros, del agua que fluye y da vida.

Los meteoros (2019). Óleo sobre dibond, 200 x 275 cm. 

La evocación de la interioridad tiene que ver con la importancia de los títulos, en ningún caso descriptivos, y no pocos de ellos en latín. Siempre ha habido en los títulos de sus obras, referencias, explícitas o implícitas e interiores, al mundo clásico: Grecia, Roma... De este modo, el juego pictórico de las formas alcanza una resonancia poética y textual: cuando miramos los cuadros no nos quedamos en lo inmediato, sino que vemos más allá, llegamos a un ámbito más profundo de interrogación y de sentido. Y es que la poesía, la literatura, y los textos filosóficos están en la raíz de sus obras desde los inicios de su trayectoria. Sin olvidar otro aspecto decisivo: la música. Todo se despliega en un conjunto de vibraciones en el que los colores siguen un ritmo, se mueven y desplazan articulando un eco de sonidos en las formas no figurativas.

En 2018, en una conversación con Óscar Curieses, Carlos León indicaba: “La lectura en general, y más aún la lectura de poesía, suele tener efectos concretos sobre mi trabajo. A menudo es una sesión de lectura la que desencadena el deseo de ponerme a pintar o a manipular objetos tridimensionales. El proceso es siempre dual: intuitivo, irracional y casi inconsciente, por una parte, y reflexivo, medido y conceptualmente estructurado, por otra.” Dentro y fuera se comunican, lo interior íntimo y la construcción del concepto fluyen y vuelan en los colores.

Serie El nombre de los meses, nº 6 (2016). Óleo sobre dibond, 250 x 150 cm.

Todo ello implica un juego de espejos entre lo inconsciente y la objetividad compartida a través del concepto. En términos freudianos, del ello al yo y al superyó, podríamos también decir, y es que un dato que resulta significativo es que Carlos León siguió sesiones de psicoanálisis durante cinco años.

Su pintura es un ir y venir en el que los colores nos hablan de lo que se va y de lo que permanece. En Fracturas podemos ver la serie de doce cuadros El nombre de los meses (2016), en los que con un juego de diversas oscuridades y brillos apreciamos un ir y venir que se repite a lo largo de las estaciones, en un despliegue en espiral del calendario.

Festina lente (2019). Acrílico sobre madera, 250 x 200 cm.

Y particularmente expresiva para comprender el ir y venir de la vida es Festina lente (2019), una frase supuestamente usada por el emperador romano Octavio Augusto a partir de un oxímoron en griego, y que significa “apresúrate lentamente”. Carlos León: los colores que hablan profundamente despacio nos muestran la velocidad, el vuelo de la vida.  

 

Carlos León: Fracturas. Comisario: Fernando Castro Flórez. DA2, Salamanca. Del 29 de enero al 40 de mayo de 2021 [esta última fecha no es un error: es un juego de lenguaje, que han decidido expresar los organizadores para sugerir que la exposición NO CIERRA, QUE ESTÁ ABIERTA EN EL TIEMPO...].

* Publicado en EL CULTURAL: - Edición impresa, 19-25 de febrero de 2021, pgs. 28-29. Edición online, https:elcultural.com/carlos-leon-los-colores-hablan


viernes, 19 de febrero de 2021

Publicación en los ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

En su excelente boletín ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA, han tenido la amabilidad de acoger mis notas "PALABRAS EN EL CONFINAMIENTO", lo que comparto ahora con todos vosotros.

El boletín es un gran interés, y quiero agradecer al Director del Museo: Fernando Sáez y a todos los que con él trabajan, su magnífico conjunto de actividades en un Museo de tanta importancia.




lunes, 25 de enero de 2021

Entrevista sobre mi libro «Crítica del mundo imagen»

 LA ROSA DE LOS VIENTOS ondacero.es Madrid|24.01.2021 

La Cara B: El "poder" de la imagen

Cuando miramos la portada de un periódico, ya no nos fijamos en el titular sino en la foto que lo acompaña. El mundo ya no se lee, se ve y vemos cosas muy buenas, pero a veces el mundo imagen hace que las palabras se pierdan. Buscando informaciones sobre la imagen, hablamos con el filósofo José Jiménez, que acaba de publicar el libro 'Crítica del mundo imagen'.

Play 15:09

https://www.ondacero.es/programas/la-rosa-de-los-vientos/audios-podcast/cara-b/cara-poder-imagen_20210124600db954461e9900014f03db.html

Vivimos en un mundo de usar y tirar en el que la imagen es rápida, lo que está provocando que el mundo sea inmaterial, que cada vez se escriba menos, se potencie menos la novela y se diga más aquello de '¿lo has visto?'.

El mundo se ha vuelto tan infantil como visual, en el que dos palabras ya son mucho. Pero a veces, nos hacen falta palabras para describir imágenes, y por ello, hablamos con el Doctor en Filosofía y Catedrático de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, José Jiménez.

Jiménez no cree eso de que una imagen valga más que mil palabras, pero reconoce que es verdad que las imágenes "son de una densidad y una importancia notable", aunque igualmente lo son las palabras: "Lo interesante es ver los ámbitos del sentido de significación tanto de las imágenes como de las palabras".

Asegura que el término "mundo de la imagen" se convirtió en un tópico hace años y que "realmente lo que ha habido es un predominio de una forma de escenificación de la vida convertida en imagen".

Asimismo, explica que en su libro plantea que ha existido un proceso llamado genealogía, por el cual el proceso de producción de las imágenes se ha diversificado a través del impacto y la expansión de la técnica.

"Con ello y con el paso del tiempo fueron apareciendo técnicas importantes de producción de imágenes -diseño, publicidad y los medios- que hoy día están confluyentes en los soportes digitales con los que vivimos. Creo que todo esto ha dado lugar a una situación en la que la imagen, como escenificación, predomina extensísimamente", afirma.