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domingo, 7 de enero de 2018

Louise Bourgeois:

El flujo de la emoción


Esta sugestiva, excelente exposición, reconstruye el itinerario creativo de Louise Bourgeois (Paris, 1911-Nueva York, 2010), sin duda una de las artistas de mayor relieve de nuestro tiempo. La muestra, que se presenta en los pisos 2 y 3 del MoMA, reúne 299 obras: 265 estampas (incluyendo series y las que están en libros), 23 esculturas, 9 dibujos y 2 pinturas de la primera época. Esta enumeración es importante, porque la gran aportación de esta iniciativa se sitúa precisamente en mostrar el papel desencadenante que la obra impresa desempeña en toda la trayectoria de Louise Bourgeois.

Ilustración 8 de 9 del libro ilustrado Ode à Ma Mère [Oda a Mi Madre]  (1995).
Punta seca, 30 x 30 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

Hija de una familia de tapiceros, Bourgeois se estableció en Nueva York en 1938, un año después de su matrimonio con el historiador de arte norteamericano Robert Goldwater (1907-1973). Madre de tres hijos, el primero adoptado en Francia en 1939 cuando tenía tres años y los otros dos nacidos en 1940 y 1941, tuvo su primera exposición personal en 1945. Sus primeras obras son pinturas, dibujos y grabados, y ya a comienzos de los años cincuenta se abre también a la escultura.

Araña  [Spider] (1997).
Instalación escultórica, 449,6 x 665,5 x  518,2 cm. Collection The Easton Foundation. 

La exposición nos permite apreciar el carácter multimedia de su trabajo, un rasgo común en el arte de nuestro tiempo, y de lo que ella era muy consciente. Según sus propias palabras, no habría “rivalidad” entre los distintos medios, ya que estos “dicen las mismas cosas de maneras diferentes”. De ahí lo acertado de la organización temática del recorrido, que nos permite apreciar la continuidad de cuestiones e imágenes, que van y vienen en las obras de Louise Bourgeois, independientemente de las técnicas y soportes utilizados.
En ese recorrido podemos apreciar lo importante que era para ella lo que consideraba «fuerzas de la naturaleza», que se manifestarían de modo especial en el jardín. Allí, en el jardín, tenía con sus hijos cuando eran pequeños la experiencia de las plantas, las flores, los árboles frutales, los animales, los insectos. Y de ese mundo natural brota una de sus imágenes fuertes, expandida en sus obras: la mujer árbol.

Mujer araña  [Spider Woman] (2004).
Punta seca sobre tejido, 34,3 x 34,6 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

La mujer, núcleo de su trabajo, que se proyecta en la casa y en la familia, donde vive sus experiencias de esposa y madre. Y de ahí, otra de sus imágenes fuertes: la mujer casa, pues la mujer es quien crea el ámbito de la convivencia familiar. También en relación con ello se sitúa otra de las imágenes intensas de Louise Bourgeois: la araña, identificada con la mujer madre. De nuevo, en sus propias palabras: “La araña… ¿por qué la araña? Porque mi mejor amiga era mi madre y ella era reflexiva, inteligente, paciente, reconfortante, razonable, delicada, sutil, indispensable, pulcra y útil como una araña.”

Mujer [Femme] (2006).
Punta seca, con adiciones a mano, sobre tejido, 26 x 15,9 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

Sin embargo, no todo es calma y seguridad. La mujer experimenta, también la inestabilidad: la soledad, el abandono, la pérdida, la melancolía. Y frente a ello la respuesta femenina que Louise Bourgeois propone es precisamente la del despliegue, tal y como podemos ver sobre todo en las imágenes del cabello tan largo como el cuerpo. El vuelo, el flujo libre del cabello que se desplaza y proyecta. Y, como variante, otra de sus imágenes recurrentes, la espiral: “La espiral es un intento de controlar el caos.”

Mujer espiral [Spiral Woman] (2003).
Punta seca y grabado, 43,2 x 38,1 cm. The Museum of Modern Art,  Nueva York.

En definitiva, aquí están los ejes recurrentes de la gran obra artística de Louise Bourgeois: imágenes de mujer, imágenes abiertas y llenas de vida, que cuestionan con intensidad las fórmulas reductivas del patriarcalismo y del machismo. Un ejemplo más: la utilización, invertida, del cuerpo del santo atravesado por las flechas: San Sebastián, que ella convierte en Santa Sebastiana. La mujer es fuente de vida y vida abierta, sin límites.
Todo se encarna en imágenes. Pero, sin embargo, el objetivo de Louise Bourgeois no se detiene ahí: en la imagen, o en la idea. Ella quiere alcanzar y transmitir la emoción: “Lo que busco no es una imagen. No es una idea. Es una emoción que quieres volver a vivir.” Louise Bourgeois: el flujo de la emoción.


* Louise Bourgeois: An Unfolding Portrait [Louise Bourgeois: Un retrato en despliegue]. Comisarios: Deborah Wye y Sewon Kang; MoMA, Nueva York, hasta el 28 de enero de 2018.

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1.311, 6 de enero de 2018, p. 22. 

lunes, 31 de enero de 2011

La vida de Eugénie Grandet [La última exposición de Louise Bourgeois]

Inmateriales
La vida de Eugénie Grandet
José Jiménez

El 19 de septiembre de 2009, en una entrevista, Louise Bourgeois señalaba: "Estoy trabajando en una exposición sobre Eugénie Grandet para la Casa de Balzac en París, que se inaugura el próximo noviembre. Me gusta esa historia. Podría ser la historia de mi vida." Sin embargo, la artista fallecería el 31 de mayo de 2010, a los noventa y ocho años. Aun así, la exposición, el último proyecto en el que trabajó Louise Bourgeois, había quedado ultimada, y se presenta en la Casa de Balzac desde el pasado 3 de noviembre hasta el próximo 6 de febrero. La elección del lugar de la muestra es ya significativa: no un espacio artístico, sino la casa, sencilla y nada lujosa, donde vivió y escribió uno de los más grandes escritores de los tiempos modernos. En la elección de Bourgeois hay una especie de retorno al pasado, pero también voluntad de coherencia al mostrar un conjunto de obras que hablan de la intimidad femenina en un espacio también íntimo, doméstico.
Nacida en París en 1911, Louise Bourgeois se instaló en Nueva York en 1938. Fuera de los circuitos artísticos durante décadas, su obra emerge en 1982, a partir de una exposición en el MoMA de Nueva York, convirtiéndose casi de modo inmediato en uno de los referentes de mayor alcance del arte hecho por mujeres. De sí misma, dijo que no era feminista, pero que "se ocupaba de lo femenino". La ironía, el sarcasmo y el desvelamiento de la violencia patriarcal ejercida sobre las mujeres, se unen en su obra a un particular e incisivo registro poético, que nos habla en el fondo de la fragilidad de todos los seres humanos. Con el título Louise Bourgeois: Yo, Eugénie Grandet, la exposición reúne 23 piezas de pequeño formato sobre distintos soportes. Y en ella puede verse también una película de Brigitte Cornand, con una duración de quince minutos, particularmente emotiva porque en ella vemos y oímos recordar a Louise Bourgeois con la debilidad de un cuerpo próximo a la muerte, pero a la vez con el vigor y energía de mente y espíritu que siempre han transmitido sus obras.

Louise Bourgeois: Eugénie Grandet (2009)
Gouache sobre papel, 59,6 x 45,7 cm.
Courtesy Cheim & Read, Hauser & Wirth and Galerie Karsten Greve.
Photo: Christopher Burke. Co. Adagp, Paris 2010. Co. Louise Bourgeois Trust.


¿Por qué la elección de Eugénie Grandet? Balzac publicó su novela en 1833, y en ella describe la vida de una familia burguesa de provincias, con las figuras de un padre tiránico y avaro, una madre débil y enteramente sometida y una hija, Eugénie, que no tiene ninguna vía de escape, ni siquiera la realización de sus sueños amorosos, y que teje y desteje sus labores domésticas en una melancólica existencia frustrada. En el inicio de su novela, Balzac escribió: "Encontramos en ciertas ciudades de provincias casas cuya vista inspira una melancolía igual a la que provocan los claustros más sombríos, los páramos más oscuros o las ruinas más tristes." Melancolía, oscuridad y tristeza, así sería la vida de Eugénie Grandet. La elección de Louise Bourgeois deriva, según ella misma manifiesta, de una "identificación recurrente" con "aquella a quien no se dio nunca la posibilidad de crecer". Eugénie "es la prisionera de su padre, que necesitaba una criada. Su destino es el de una mujer que no tiene nunca la ocasión de ser una mujer".
Aunque no totalmente: "yo tuve la fuerza de tener una familia", Louise Bourgeois se identifica con Eugénie, "cuando me siento pesimista", en el trato que ella misma recibió de su padre: "Se dice que si las hijas obedecen a su padre se convierten en víctimas, como Eugénie Grandet. Yo tuve un gran deseo de revancha contra mi padre, que trataba de hacer de mí una Eugénie Grandet." Imágenes del rostro y del cuerpo de la mujer, flores, joyas pequeñas que forman la esfera de un reloj, botones, corchetes y bordados desgranan en las obras de Louise Bougeois el eco de lo que Eugénie despierta en su memoria. Un grito desgarrado de libertad, de la memoria hacia el futuro, para acabar de una vez por todas con la sumisión de las mujeres.

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/),  nº 982, 29 de enero de 2011, p. 26.